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María Gaitán

MIRANDO AL ABISMO

María Gaitán

Mirando al abismo

La autoridad

La autoridad es un concepto que resulta un poco difícil de definir. A menudo solemos confundir autoridad con poder. Esto ocurre porque con frecuencia existe una relación entre estos dos conceptos. Grosso modo podemos definir el poder según los diccionarios de filosofía como «un derecho, que puede ser apoyado por la fuerza, de hacer o exigir alguna cosa».

Sin embargo, la autoridad se define según la RAE de la siguiente forma: «el ejercicio de ciertas potestades de mando o conducción de carácter legítimo. Esto significa que debe contar con algún fundamento, en principio, reconocido por los subordinados».

Ya podemos empezar a ver dónde se separan los dos conceptos, la autoridad está en los demás, son ellos quienes nos la otorgan, y por ese motivo, para mí, es mucho más importante que el poder. Dentro de las diversas definiciones de autoridad que se han ido manejando a lo largo del tiempo, mi favorita es, sin duda, la autoridad como servicio, de Joseph Raz.

Raz dice que podemos entender la autoridad como servicio cuando hay alguien que sabe cosas que nosotros desconocemos, el ejemplo más famoso es el del médico: vamos al médico cuando nos sentimos mal y hacemos lo que nos dice, porque sabe más que nosotros. Si entendemos la autoridad así es aplicable también al fontanero que me arregla las tuberías de casa, al mecánico, al farmacéutico, al maestro.

Yo, como ya sabréis, soy maestra y por este motivo me interesa tanto el concepto de autoridad. Mis alumnos son adolescentes que se lo están planteando todo y que se rebelan contra todo. Es por esto que considero un error que los docentes ejerzamos poder con nuestros alumnos, sólo sirve para levantar un muro y crear una guerra de ellos contra nosotros. Haciendo eso sólo creamos desconexión y apatía en nuestro alumnado. Por supuesto que siempre habrá un grupo de chavales que no querrá estar en clase ni aunque hagas el pino puente y malabares.

Cabría, con todo lo que hemos establecido hasta ahora, aclarar que la autoridad como servicio se basa en la confianza de que el otro sabe más que tú y por eso haces lo que te dice y le muestras respeto. Si la confianza falla en alguno de los extremos, no puede haber relación de autoridad.

Cuando llego nueva a un instituto el primer día de clase les digo siempre a mis alumnos «yo estoy aquí para ayudaros pero eso no va a poder ser si no nos fiamos unos de otros». Al principio no me creen mucho y no me toman en serio, es normal, son adolescentes.

Al paso de un mes, más o menos, les pregunto, tras haber hablado de la autoridad y el poder y la violencia en clase, ¿en esta clase quien tiene la autoridad? Suelen siempre responder con esa risa socarrona que da la juventud, «pues tú maestra, ¿quién va a ser si no?» Y es entonces cuando doy gracias por ser una figura de autoridad.

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