Sigue siendo recurrente la expresión ‘cuesta de enero’, propiciada por los gastos extraordinarios que las familias llevan a cabo durante el periodo navideño. Realmente, dados los tiempos que corren, cada uno de los meses del año posee su propia ‘cuesta’, más o menos pronunciada. Pero nuestra historia más cercana recoge algunas ocasiones en que un colectivo determinado recibió un eficaz empujón que les facilitó alcanzar la cumbre. Detalles de la vida de una pequeña ciudad, en los años cincuenta, y que no figuran en los libros de Historia. Durante décadas Marbella había tenido dos aspiraciones que no terminaban de llegar y no era el tren, que ese es un asunto para escribir un tratado, sino un puerto pesquero y un centro educativo de Enseñanza Media y Profesional. La consecución de ambos prácticamente coincidió en el tiempo: a mitad de la década de los cincuenta del pasado siglo XX.

Por lo que respecta al instituto, nació con contenido pero sin continente. Las clases tuvieron que iniciarse en el edificio del Ayuntamiento y posteriormente en el denominado Hogar Juvenil o Flechas Navales, de la Organización Juvenil Española, que se encontraba situado en las inmediaciones del actual paseo marítimo de Marbella, junto al edificio Mediterráneo. Unos años más tarde se construyeron instalaciones en la antigua calle Finlandia, junto al campo de fútbol Francisco Norte.

El Consistorio, en su presupuesto, contaba con una partida fija de setenta y cuatro mil seiscientas pesetas para atender al personal docente, administrativo y subalterno del centro educativo. En diciembre de 1956 constatan que, como la plantilla del instituto todavía no se encontraba completa, de esa cantidad sobraban veintiocho mil quinientas pesetas. Lo más fácil habría sido devolver la cantidad a la hacienda municipal pero no era posible porque una circular de 14 de mayo de 1951 ordenaba que los remanentes no se reintegrasen a las arcas pública sino que, a propuesta del Consistorio, el Patronato Provincial de Enseñanza Media y Profesional la destinase a otros fines. En esta ocasión el Ayuntamiento propuso que se emplease en ayudar económicamente a los miembros de la plantilla. El argumento justificativo que aportaron aseguraba que «su función la ejercen en una ciudad en que, por su gran corriente turística, el nivel de vida está mucho más elevado».

Con el acuerdo unánime de la Comisión de Gobierno, se remitió escrito al Patronato Provincial en ese sentido. Además deliberaron para acordar las cantidades que debían recibir en calidad de gratificación extraordinaria. Dos mil quinientas pesetas para cada profesor, mil quinientas para los administrativos y mil pesetas para los subalternos. Los Reyes Magos fueron espléndidos el mes de enero de 1957 para los docentes y resto de personal del Instituto de Enseñanzas Medias y Profesional.

Ese estigma de ciudad cara para vivir, ha continuado perennemente asociado a Marbella y por eso muchos profesores obviaron concursar para obtener plaza en la ciudad. Sin duda se perdieron los aspectos positivos, a veces únicos, que aquí abundan.

Pero la cuesta de enero de 1957 fue también algo más llevadera para otro de los colectivos de la enseñanza: los maestros de escuela, o maestros nacionales como se les denominaba, y que atendían las diferentes escuelas diseminadas por diversas zonas del centro urbano. Todavía no existía un grupo escolar tal y como lo conocemos hoy. Habría que esperar a 1960 para contar con el primero de ellos: Grupo Escolar Nuestra Señora del Carmen, construido en el interior del Castillo, donde anteriormente se situó el cementerio. Los maestros eran también los encargados de la limpieza de las aulas y por ello recibían una gratificación mensual. A propuesta del teniente de alcalde Jaime Molina, acordaron aumentar la cifra a treinta y cinco pesetas. No cambiaron de estatus social, pero al menos tuvieron un pequeño impulso.

La enseñanza continúa estando mal pagada, pero en aquellos tiempos posiblemente podía hablarse de precariedad. La misma que padecía gran parte de los marbelleros. El absentismo escolar aumentaba sensiblemente en determinadas épocas del año porque las familias necesitaban de sus hijos como mano de obra.