Publicidad engañosa

 Todos los consumidores de nuestro planeta somos hoy día destinatarios de infinidad de mensajes publicitarios, cuando miramos la tele, oímos la radio, leemos la prensa, o navegamos por medio de internet.   Ahora bien, todos esos «dardos» recibidos de manera prácticamente permanente, y que en teoría, bien deberían de servirnos para aprovecharnos de buenas oportunidades de compra, en la práctica, una parte de ellos actúan como verdaderas trampas que confunden a los potenciales clientes para que elijan mal y gasten de más, por lo que se convierten en publicidad engañosa.   Como -entre otros casos- cuando no presentan su precio claramente a la vista, la etiqueta de lo que cuesta está escrita en «letra chica» difícilmente legible, los muestran -con intención solo de despistar- por cantidades distintas a kilos o litros, e, incluso los ofertan sabiendo que están ya agotados.   Y es que, ante estas prácticas inexactas e ilegales aparecidas en algún que otro escaparate o tienda web, además de que deben de ser ¡ojo¡ denunciadas, lo mejor que se puede hacer para no caer en sus tramposas redes, es -lisa y llanamente- no comprar.