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José María de Loma

Viento fresco

Jose María de Loma

De Fitur también se sale

Aunque hace falta fuerza de voluntad. Y un taxi, claro aunque a ciertas horas es difícil

Expositor de China en Fitur Gustavo Valiente (EP)

Desde que el hombre es hombre siempre se ha preguntado quien es y adónde va. Sobre todo si está en Fitur. Todo el mundo parece estar en Fitur., que a veces es como estar en tu ciudad pero a 500 kilómetros de distancia. Fitur es la feria turística más importante de España y el hábitat idóneo para hacer negocios pero también la pradera de moqueta ideal para que el simpaticón concejalete dé vueltas, dé abrazos y haga eso, en pro de su nunca bien ponderado municipio, que venimos en llamar esfuerzo promocional. Añadiéndole a veces incluso la coletilla «sin precedentes», que es una coletilla con precedentes, por cierto.

Nadie quiere perderse Fitur pero si vas a Fitur te pierdes. No es que sea la perdición, dadas las muchas tentaciones que Madrid ofrece, no. Es que es muy grande. Solo el pabellón de Andalucía es inmenso. Hay que dar sensación de poderío. Y folletos. Los pabellones de otros destinos son también extensos y circulando por ellos te haces la ilusión de que estas circulando por el mundo. Andando, andando pasas por Úbeda y Colombia en un rato. Pasas por Brasil y por Écija e incluso por Bulgaria y Barcelona. Lo nuestro es pasar, claro. Ya nos lo advirtió el poeta. Pasar en este caso arramblando merchandising, gorroneando en alguna degustación y por qué no, deteniéndose quizás ante bellos bailarines o esbeltas danzarinas que estuvieran ejecutando un baile regional que a primera vista pudiera parecernos ejercicios de Pilates para la espalda. De Fitur se sale. También. Es cuestión de fuerza de voluntad. Y de encontrar un taxi, que a ciertas horas la cosa se pone chunga y es más difícil ir al centro de Madrid que a Bratislava, que si no tiene pabellón debería tenerlo, dada la belleza de algunas de sus riberas al Danubio. Fitur acaba hoy y es hora de hacer balance, frase muy de los políticos que sin embargo debería ser de los contables. Los políticos se ponen muy serios y dicen que ha llegado la hora de hacer balance como si tuvieran que hacer una operación a corazón abierto. Cerrado, incluso. Y hacen balance y van contando turistas como el que cuenta arrobas o latas de cerveza que se tuvieran en la nevera. Cuantos más turistas, mejor, opinan. Un turista es una bendición, veinte millones es una estadística.

Las huestes de Fitur vuelven hoy exhaustas a sus provincias a expandir la buena nueva de lo bien que se lo pasa uno en Madrid, que es el destino que verdaderamente gana en todo esto. No pocos abrevaderos descansan aliviados. Parafraseando la célebra frase de Francisco Silvela («Madrid en agosto, con dinero y sin familia, Baden-Baden») habría que decir que Madrid en enero y con Fitur, pues eso, Baden-Baden. Promocionar, cansa.

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