[19:42, 17/01/2023] Salimos de la tele, pitando. Bocata de jamón en la María Zambrano, jabugo, por favor y por si nos vamos a morir mañana, y una Coca-Cola. Al tren. Alcaldes, concejales, colegas periodistas que se pasean por el vagón como en una Pasarela de Milán. Somos muchos, ¿demasiados? Un ejército. Por un momento, pienso si estamos dejando Málaga vacía o si vamos a conquistar Madrid. El equipo desembarca en Atocha. Taxi. Hotel Bienvenidos a la ciudad de las agujas. Hace un frío seco de sierra que pincha y motiva. Tenemos hambre y suena la jauría por Reina Cristina.

[23:45, 17/01/2023] Por la noche, fiesta de la Junta de Andalucía en la Plaza de Toros de Las Ventas. Otra vez, caras conocidas y otras caras muy guapas, como de maniquí de Galerías Preciados o así. Veo a Pablo Carbonell y me cuenta que lo petó en La Cochera y que tiene un material muy bueno. Hablamos de Punta Umbría, de El Mosquito y la luz. Maggie Civantos parece una diva sueca. Boris Izaguirre parece Boris Izaguirre. Paco León es un Emperador Romano y Sara Baras me susurra que «Andalucía se vende sola». Canta Manuel Carrasco, canta bonito y suave, y el frío de cuchillos se convierte en calor de estufa y abrazo y silencio en el coso. Subo una historia a Instagram y siento los aplausos desde el sur.

[08:20, 18/1/2023] Madrid amanece mortal y rosa, a lo Umbral. La piscina del hotel es una pista de patinaje. Me imagino jugando al hockey hielo en Calgary 88 como en la canción de Antonia Font. Nos espera IFEMA. Pabellón cinco. Allá vamos. Pequeño atasco, Madrid a escala. Empezamos el directo de tres horas, con cuatro equipos que se mueven como ratones, y muchas ganas. Volvemos a entrevistar a alcaldes, concejales, tour-operadores... Hablo con Juanma Moreno y está eufórico. Parece que Andalucía ha ganado la Copa del Mundo. «Habrá que celebrarlo», le digo y sonrío. A mediodía almuerzo con mi socio, José Miguel, y meriendo con mamá y mis hermanos. Están espléndidos, bellos y nos reímos porque se me ha roto el pantalón a lo Julio Iglesias. Muero de amor mientras la M-30 parece una arteria infartada de escarcha y luces de freno.

[23:40, 18/1/2023] Por la noche, en el Cine Capitol de la Gran Vía, Turismo Costa del Sol monta su fiesta como si fuera la premier de una peli. Parece que va a aparecer Ava Gardner con Dominguín y en su defecto conozco a Niki, la actriz que le pone la voz al GPS de Google. Recuerdo a Gardel cuando decía que «no basta con tener la voz más melodiosa para entonar un tango». Me tomo una cervi con mi amiga Rocío Gaspar, que siempre es diversión, y escuchamos a Yotuel y Beatriz Luengo, que versiona a Maluma mientras su bebé llora en uno de los anfiteatros. No es que me vuelvan loco pero me han caído muy bien la parejita.

[14:45, 19/1/2023] Tercer día: sota, caballo y rey. Desayuno fruta y salmón. Al lío. El equipo ya funciona como un reloj suizo. Hacemos más de 40 entrevistas y comemos en el VIPS que, da igual la ciudad en la que estés, siempre es un seguro de vida. Por la tarde, descanso y a preparar la noche. Me toca presentar la Gala de Nerja y a la gran María Peláe. María es oro y grana, acento andalú y producción universal. María se las sabe todas. Nos saludamos y brindamos por esa forma de mirar al mundo, tan especial, tan bonita, reivindicativa y única. La Peláe acaba por Lola Flores y la Real Fábrica de Tapices parece Casa Patas. Nos emplazamos para vernos pronto. Una malagueña en Madrid, un madrileño en Málaga. Caminos de ida y vuelta. Algún día habrá que escribir de todo esto.

[17:04, 20/1/2023] Último día. Se nota el cansancio pero nada nos frena. En el directo, tenemos a Pedro Sánchez, a Feijóo, a Díaz Ayuso pero me hace más ilusión tener a Tito, Desy y Quique de Verano Azul. Tenemos el hambre suficiente como para cerrar el programa muy arriba o dar un golpe de Estado. «Tenemos un equipazo», dice alguien pero, en verdad, somos una unidad y un mazo. Nueve horas de directo en tres días y mucho más. Nos hacemos una foto y nos proponemos comer un bocata de calamares en El Brillante, casticismo y Mahou. Brindamos entre palomas carroñeras y celebramos el éxito del trabajo bien hecho y acabado. Cada vez tengo más claro que tener un equipo, una familia, es lo único que te lleva. Juntos no para estar juntos sino para hacer algo juntos. Juntos, como la canción, «más altos subimos». Nos subimos al tren. Algunos se duermen, otros miran el móvil y Nadia hace la memoria. Yo termino la columna sobre la estepa nevada de un Word y admiro cómo anochece entre olivos y cables. Volvemos a casa. Todo está bien.