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Juan Antonio Martín

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Juan Antonio Martín

Fitetú

En el modernísimo universo divino de la muerte de los acrónimos últimamente cabe todo, hasta la idea más peregrina tiene cancha amplia en la acronimia. Obsérvese, si no, el nombre de andar por casa de algunos ministerios, consejerías, dependencias municipales, universidades... y el de los planes y estrategias de los unos, los otros, las otras y les otres. Partiendo de esta base, fitetú, podría ser, ¿por qué no?, hasta un órgano de máximo nivel del gobierno israelí.

–Pss, pss..., ese que ves con el cuello de la gabardina subido y el panamá calado fue director del servicio secreto de Israel y ahora ha sido ascendido a director general del Fitetú, que es el órgano máximo de la inteligencia israelí del que depende el tan amado como repudiado Mossad.

Pero no, fitetú, independientemente de su apariencia no es otra cosa que un acrónimo espontaneo del habla popular andaluza por cuya paternidad pujan Málaga y Sevilla. La traducción literal de fitetú es «fíjate tú», y las más de las veces es usado enfáticamente como interjección.

Pues eso, fitetú, por ejemplo, la torpeza de nuestro presidente andaluz con la que ha demostrando un conocimiento etéreo sobre el proyecto que convertiría en bisexual y/o en hermafrodita a nuestra Málaga «la bella». Por enésima vez me refiero a la descerebrada construcción de un hotel-falo con intenciones finalistas distintas de la explotación hotelera justo en la bisectriz inguinal de la femenina bahía de Málaga, que con el enhiesto mamotreto de marras quedaría para siempre masculinizada. Y no solo masculinizaría a la bahía sino que, desde el mar, rompería la imagen más mantenida de Málaga a lo largos de dos siglos. Al señor Moreno, nuestro presidente autonómico, después de su soltura verbal, sin ninguna cintura, con la que manifestó su apego al proyecto «a mí no es que me desagrade sino que lo veo oportuno y necesario», dijo, sería conveniente preguntarle qué prefiere como presidente y qué prefiere como malagueño, una imagen de Málaga bisexual o una imagen de Málaga hermafrodita.

Facilitar y/o propiciar falsos proyectos turísticos degenerados en su origen no es una cuestión baladí, sino una cuestión esencial para un gobernante en situación de ventaja que bien debería reconsiderar sus afirmaciones mediante una verdadera y profunda inmersión en el proyecto. Fitetú, ítem más: «Málaga necesita hoteles de este tipo» afirmó el presidente de los andaluces para ratificarse en su error y fitetú que al despejar el balón lo introdujo en su propia portería, que es la de todos los malagueños. Gobierno andaluz uno, Málaga cero. Pues no presidente, desde el mayor respeto y consideración que me merece, no, Málaga no necesita hoteles de este tipo, ni padrinazgos políticos que vayan contra su esencia, la de Málaga, obviamente. Fitetú que triste... Ten malagueños en el poder para esto.

Fitetú, quizá más que despejar balones contra Málaga, lo natural como presidente de todos los malagueños y como malagueño, lo procedente habría sido que nuestro presidente, hombre de consenso, dicen, se mojara e hiciera que el potente aparato que preside en forma de consejerías se mojara con él y, por razón suficiente, por malagueñismo, por dignidad política y hasta, si ha lugar, por compasión hacia Málaga, empujara y facilitara de una puñetera vez un estudio veraz sobre la capacidad de carga que resiste su Málaga, nuestra Málaga. ¡Atrévase usted a abrir los ojos ya que nadie se atreve...! (jo, fitetú, no sé por qué me da que las once últimas palabras que acabo de escribir serán las más inútiles de mis setecientas veinticinco palabras de hoy).

Fitetú que a veces a uno le aflora la vena trascendental y con ella se le aparecen pensamientos de los grandes sabios de la historia, especialmente, como es el caso en este preciso durante el conticinio. Y fitetú que acaba de aparecérseme Kant y con él sus tres preguntas: «¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar?», y junto a ellas una de las incontables máximas que nos legó este filósofo sabio: «obra de tal manera que trates a los demás como un fin y no como medio para lograr tus objetivos». Ay...

En fin, que la aparición del prusiano mientras escribo sobre lo que para mí es algo más complejo que un simple error humano, que una nimia tontería política o que la sencilla manifestación del más docto conocimiento, me ha apenado profundamente, fitetú...

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