Viento fresco

Un paseo malagueño y matinal

Pero qué han hecho con la cafetería Moka. Ojalá abra de nuevo

Ambiente en la plaza de la Constitución

Ambiente en la plaza de la Constitución / GREGORIO MARRERO

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Paso por la plaza de la Constitución temprano y hay unos obreros afanándose en el montaje de un set televisivo para el Festival de Cine. Los obreros, en los textos, se afanan, pero en realidad se esfuerzan. Sobre todo, ahora, tres que intentan levantar una viga que no se sabe muy bien dónde va. Yo es que soy muy de apartarme cuando veo una viga sobre mi cabeza. Es verla y apartarme. Lo malo es que donde todos ven una viga yo veo un asunto para el artículo. Las columnas tienen vigas también, si no se caerían. Lo bueno es que el lector no note mucho esos cimientos o costuras o vigas. Que parezca que fluye sola, la columna, que baja como un río que va a un feliz desemboque.

Hay camiones y camionetas y otro grupo de obreros que desayuna bocata con pinta de haber aguantado carros y carretas. Viandantes, pocos. Comercios cerrados, desayunaderos aún no en ebullición. El termómetro promete calor a mediodía pero aún se agradece (y se amortiza) el abriguín que lleva uno, confortable, discreto, de buenos bolsillos y razonable elegancia. Qué estará haciendo ahora el primero o primera que ocupe ese set televisivo. Qué palabras dirá. ¿Las tendrá ya preparadas? ¿introducirá el adjetivo inolvidable?, quién las oirá o verá. Abrimos a las ocho, pone en la puerta de una churrería. Pero se oyen voces dentro. Espero que no sean los churros pugnando por salir. O por entrar. En una boca. El primer churro será siempre para un empleado, supongo, no va a estar el empleado toda la mañana haciendo churros y sin desayunar. Cuántos churros se consumirán hoy en la ciudad entre las ocho y las nueve de la mañana. Tal vez 8.734 o a lo mejor 10.333. Seguramente para hallar el número de cafés habría que asignar de promedio tres churros a cada café. O dos, si son pequeños. Llego a la calle Strachan y el suelo está mojado, lo han regado. No sé muy bien para qué. Para que resbale más, supongo. La cafetería Moka está cerrada y como en obras. Lástima. Era un sitio agradable y no sé si ahora la van a reformar, a desgraciar, a convertir en una vermutería de pega o a permutarla en una sucursal de banco donde nadie te atiende. En el Moka tenían todos los periódicos y unas camareras muy agradables, el público era variado, ejecutivos, nativos, oficinistas, no llegaba a ser un bar pijo pero no era un cutre bar tampoco. Aunque esos, de toda la vida, tienen su mucho encanto y nos gustan para el bocata zurrapa. Así, bocata zurrapa, sin el ‘de’. En la calle Molina Lario siempre hace frío, corre un ventarrón que si te descuidas te lleva hasta el puerto. Mejor sería que te llevara a una habitación del Málaga Palacio, donde tal vez despierte ahora un señor que va a tomar churros en el sitio donde no abren hasta las ocho. Ausencia de nubes.

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