Memoria en Verde y Morado

Una sucesión de catastróficas desdichas

Alfonso Sánchez y Vasileiadis.

Alfonso Sánchez y Vasileiadis. / Juanma Rodríguez

Juanma Rodríguez

Juanma Rodríguez

Como subido en una montaña rusa, todo lo que rodeó al Obradoiro durante la temporada 09/10 supuso un torbellino de emociones en la capital compostelana. Tras penar más de veinte años por las categorías inferiores del baloncesto gallego, la ansiada e inesperada resolución judicial que devolvió al «Obra» su plaza en la ACB vino acompañada de multitud de decisiones que debieron adoptarse en tiempo récord. Corría el verano de 2009, el reto era construir un club profesional de primer nivel a la vez que confeccionar una plantilla con ciertas garantías en pos de lograr la permanencia. Se produjo una auténtica revolución en la ciudad y, bajo el patrocinio de Xacobeo 2010, fue posible vivir una temporada irrepetible, aunque no contara con final feliz.

Ese año existió una especial conexión entre Málaga y Santiago. Varios eran los protagonistas del Obradoiro (entrenadores, jugadores y algún que otro empleado) que tenían íntima relación con el club de Los Guindos, pero estoy convencido que Alfonso Sánchez y Kostas Vasileiadis fueron quienes dejaron más grato recuerdo entre la afición del Fontes do Sar. Uno de Salónica, certero tirador, líder e idolatrado por la grada, y el otro de Jaén, grandísimo defensor, capitán del equipo y todo compromiso, formaron una dupla excepcional dentro y fuera de la pista. Campeones de Liga con el Unicaja de Scariolo e internacionales, los dos jóvenes talentos se convirtieron en las primeras incorporaciones del conjunto gallego, llegando a convivir como hermanos durante gran parte de la temporada. Kostas Vasileiadis asumió los galones de referencia ofensiva exterior del equipo dirigido por Curro Segura. Incisivo y vertical, Vasileiadis consiguió muy buenos números gracias a que gran parte de las jugadas contaban con su ferocidad anotadora como primer recurso. Su compañero Alfonso Sánchez llegó a Santiago tras sufrir importantes lesiones en las filas cajistas. Aguerrido y entregado en la parcela defensiva, su identificación con el club fue total, siendo elegido capitán con tan sólo 21 años. Antes que Pepiño Pozas, otro talento de la cantera malagueña lideró el barco del Obra. En unos años en los que no había whatsapp ni redes sociales, la familia de Alfonso sabía de él gracias al seguimiento que algunos usuarios del foro de la ACB hacían de las andanzas de esta inolvidable pareja por la ciudad de Santiago.

Kostas y Alfonso, las almas del vestuario, sufrieron en primera persona el discurrir de una convulsa temporada. Después de un inicio desalentador (4 derrotas de salida), el paso de las semanas generó un mejor ensamblaje de sus piezas y llegaron buenos resultados. Al amparo de una entregada afición que entonaba el «Miudiño» como grito de guerra, el equipo empezó a cosechar victorias que le permitieron estar luchando por la clasificación para la Copa del Rey. Dos de los triunfos más celebrados por la parroquia local se consiguieron antes de las navidades. En un partido marcado en rojo en el calendario por Kostas y Alfonso, el Obradoiro derrotó con superioridad al Unicaja de Aíto en una tormentosa tarde en Santiago. Dominado de principio a fin por los locales, únicamente un par de apagones en el pabellón pusieron alguna traba a la victoria del conjunto santiagués. Tres semanas después, en un encuentro sublime apoyado en la exhibición ofensiva del griego Vasileiadis, lograron superar al por entonces invicto Real Madrid del italiano Messina tras una emocionante prórroga. Cuentan que ese partido se ganó gracias a la celebérrima «Ley de Kostas».

Djedovic, segundo por la izquierda, también jugó en el Obradoiro.

Djedovic, segundo por la izquierda, también jugó en el Obradoiro. / La Opinion

El boom mediático que provocó esa buena racha de resultados y la comunión e identificación de toda la ciudad con el proyecto no fueron argumentos suficientes para mantener la dinámica positiva. Una plaga de infortunios en forma de lesiones, derrotas y catastróficos fichajes, cercenó las esperanzas del Obradoiro y no se pudo evitar el fatídico descenso. Al igual que el resto de la plantilla, Sánchez y Vasileiadis dejaron el club al concluir la temporada con la tristeza de no haber podido mantener al equipo en la ACB. Kostas volvió a vestir la camiseta del Obra años después y Alfonso continúa siendo recordado y muy querido por tierras gallegas. Más de una década después, con el marbellí Rubén Guerrero mejorando día a día, la esencia de Kostas y Alfonso sigue más viva que nunca. Como bien dijo Moncho Fernández, «Obradoiro es un lugar donde se trabaja».

La Peque-Columna (por Simón RJ)

¿Sabías que Kostas y Alfonso siguen dentro del baloncesto? Vasileiadis está en el Cáceres de LEB Oro y Sánchez colabora con Berni en el Proyecto 675?