Tierra de nadie

No somos buenos

Juan José Millás

Juan José Millás

Por encima o por debajo de nuestro griterío circulan mensajes misteriosos de cuya existencia ni siquiera nos percatamos. Hace semanas, por ejemplo, que en uno de los periódicos que leo aparece un anuncio por el que se solicita un cocinero al que se garantiza un sueldo interesante. Como resulta imposible que se tarde tanto tiempo en encontrar un cocinero al que se ofrecen unas condiciones excelentes, cabe deducir que a través de esa publicidad hay un intercambio de información secreta que a usted y a mí nos pasa inadvertida. No solo ignoramos quién es el emisor y quién el receptor de ese mensaje, sino que ni siquiera reparamos en él. No lo vemos como no vemos el 95% de la materia oscura de la que está compuesto el universo.

En esta época, las aves, en el parque, no dejan de hablar entre sí. Se trata de un parloteo continuo al que no prestamos atención. Me dan ganas de parar a alguien y preguntarle si no oye eso.

-¿El qué? -me preguntaría.

-La conversación de los pájaros -le diría yo.

Y el paseante huiría de mí como de un loco. ¿Qué rayos se dicen las aves? Es posible que hablen de nosotros. Es posible que esos dos perros que acaban de saludarse estén comentando algo de sus dueños, que permanecen de pie, con la mirada perdida, insensibles al acto de comunicación profunda que se está produciendo delante de ellos entre sus mascotas. Tal vez el universo no deje de hablar de nosotros. En el parque hay un lago en el que se permite pescar a condición de devolver los peces al agua después de capturados. ¿Qué le dirá el pez herido a sus congéneres tras regresar al medio del que nunca debió salir?

Tengo un amigo que cuando se despide de su hijo adolescente le dice al darle un beso:

-Sé bueno.

¿Sabe de verdad lo que le está diciendo? ¿Y escucha el hijo sus palabras? No es fácil ser bueno, sobre todo en el sentido de bondadoso. Hay buenos futbolistas y buenos escritores y, ya puestos, buenos cocineros, pero resulta arduo dar con un futbolista bondadoso, un escritor bondadoso, un cocinero bondadoso, no digamos un político bondadoso. No somos buenos porque prestamos poca atención a los mensajes secretos del entorno.

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