Cartas al director

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MASCOTAS

Las estadísticas rebelan que la cifra de mascotas en las familias españolas ha aumentado exponencialmente -sobre todo- a partir de los últimos años de pandemia y crisis económica. Entre las múltiples razones, más de uno apunta a que estos animales de compañía constituyen un antídoto inequívoco para combatir la soledad. Ahora bien, el derecho a tener un ser que siente como un miembro más de la familia implica determinadas responsabilidades: hacerse cargo de su comportamiento, preocuparse de su higiene, que lleve collar y correa, pasearlo, y -especialmente- hacer que respete ¡ay! el bien común. Porque, si bien todos los animales necesitan libertad y los domésticos no son la excepción, la ciudad tiene sus reglas de convivencia que incluyen ¡ojo! no sólo a los ciudadanos sino también a ellos. Y es que, aparte de que nada hay que objetar a los dueños que cumplen escrupulosamente limpiando la suciedad que ellos provocan, pervive entre nosotros gente irrespetuosa que se desentiende descaradamente de sus deposiciones y orines -nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás- granjeándose la antipatía, desprecio y repulsa también hacia ellos, lamentablemente.

Casilda Sánchez Calderón. Málaga