El desliz

Creer te sale a devolver

Pilar Garcés

Pilar Garcés

Resulta que el Opus Dei camina hacia el marxismo. De Groucho. El colegio mallorquín Aixa-Llaüt, que es el único de la isla que todavía segrega a sus alumnos por sexos, va a dejar de hacerlo el curso que viene para no perder los 2,4 millones de euros de dinero público que recibe. Esos eran sus principios, pero si no gustan dispone de otros, o sea. Tenían un precio toda esa defensa del derecho de los padres a elegir cómo educar a su descendencia y los estudios pedagógicos que se esgrimían para sustentar la directriz consistente en los chicos con los chicos, la chicas con las chicas. Un precio que paga con sus impuestos el sufrido contribuyente que manda a sus hijos a las aulas prefabricadas de la escuela pública, o a centros con patios que parecen haber sido bombardeados, y que nunca consiguen las plantillas de docentes y refuerzos para atender a la diversidad que establece la ley. Un contribuyente que incluso si votaba mayoritariamente opciones políticas que rechazan de forma expresa la separación de los estudiantes por mor de su biología se encontraba apoquinando para mantener y sostener este principio didáctico chiripitifláutico. Porque durante años los estamentos judiciales protegieron la discriminación como una opción admisible que correspondía pagar con fondos públicos, hasta que ha llegado el Constitucional y ha resuelto que no. Considera impecable una ley que como la LOMLOE obliga a respetar un modelo de coeducación para los colegios que disfrutan de algún tipo de concierto. Digamos que el principio de igualdad en las aulas sufragadas por todos ha aprobado en la reválida, y que la ultraderecha que lo recurrió ha suspendido. Podrían los colegios que segregan seguir con sus valores y subir la cuota mensual, a buen seguro encontrarán familias dispuestas a pagar lo que sea necesario, pero prefieren asegurar su balance económico. Porque el mercado puede ser menos sensible que la judicatura en lo que respecta a proteger la libertad de pensamiento retrógrado y, al parecer, insostenible sin subvención. Así que a mezclarse, como en la vida misma.

Pero no nos vayamos a entusiasmar con los progresos del estado laico. El Gobierno ha decidido extender los beneficios fiscales de que gozan la iglesia católica, evangélica, las comunidades israelitas y la comisión islámica a otros cultos como son la iglesia ortodoxa, la budista, los mormones y los testigos de Jehová. Las considera injustamente agraviadas y les exime de pagar contribución por sus edificios de reunión, así como de otros impuestos estatales, autonómicos y locales. Pudiera pensarse que un ejecutivo formado por socialistas y Podemos estaría más interesado en recortar los privilegios de los credos organizados que en ampliarlos, pero la coalición no deja de sorprender y el milagro se ha obrado para todas las fes. Fisco solo hay uno, pero aquí no paga ningún dios, y sí ateos y agnósticos. Que la generosidad de la hacienda pública al renunciar a unos ingresos existentes, o incluso a incrementarlos cancelando exenciones, coincida con la campaña de la renta para el común de la ciudadanía no deja de ser un detalle chusco. Esperemos que los beneficiarios de toda esta magnanimidad, tanto los que llevan siglos o décadas ahorrándose aportar a la caja común como las nuevas incorporaciones, recen mucho para que el resto encontremos algo para desgravar.

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