Memoria en Verde y Morado

El yin y el yang

Rolando Frazer y Clyde Mayes.

Rolando Frazer y Clyde Mayes. / L. O.

Juanma Rodríguez

Juanma Rodríguez

La historia sitúa en Cataluña la cuna del baloncesto nacional. Muchos son los clubes de aquella región que han participado en la ACB, con mayor o menor relevancia y longevidad, a lo largo de sus cuarenta años de vida. Dejando a un lado los éxitos y el prestigio del Barça y Joventut, el Bàsquet Manresa ofrece un ejemplo real de continuidad, con la humildad y el «seny catalán» como sus señas de identidad. Desde 1931 llevan haciendo de la necesidad virtud, remando para mantenerse en la élite del deporte de la canasta. Conscientes de su limitada capacidad económica, el equipo de la comarca del Bages siempre ha sido un consumado especialista en la búsqueda de fichajes que proporcionen tranquilidad a su sufrida y entregada parroquia.

Luciendo en la pechera el patrocinio de la mítica empresa japonesa de artículos electrónicos, el TDK Manresa se convirtió en clásico animador de las canchas ochenteras. El viejo Congost acogía una de las hinchadas más ruidosas de la competición, ofreciendo un plus a sus jugadores a la hora de competir ante rivales que multiplicaban su presupuesto. A mediados de los 80, el conjunto presidido por Carlos Casas y entrenado por Juan Jiménez ansiaba construir una plantilla que le permitiera mantenerse con solvencia en la recién creada liga ACB. En aquellos años, aparte de contar con jugadores nacionales de categoría y experiencia, el elemento diferencial estaba en el acierto de fichar a la pareja de foráneos. Y tuvieron la fortuna de encontrar el dúo ideal destinado a marcar época en el club manresano, el Yin (Clyde Mayes) y el Yang (Rolando Frazer).

Extraña dupla de rendimiento insuperable, la pintura del Manresa quedó a buen recaudo gracias a un par de jugadores opuestos a la vez que complementarios. Ni Mayes ni Frazer destacaban por su altura, pero ofrecían brillantes prestaciones en ambas partes de la pista. Clyde Mayes era un fornido americano, veterano en mil batallas y luchador infatigable bajo el aro. Duro en la parcela defensiva, el bigotudo pívot dominaba la parcela reboteadora. Poco amigo de las pretemporadas, el bueno de Clyde sufría con la preparación física, pero como grandísimo competidor que era, lo daba todo en los ejercicios de 1x1 durante los entrenamientos. Curiosa fue la historia de su llegada al TDK. En aquellas tradicionales giras veraniegas de jugadores americanos que buscaban un contrato por Europa, disputaron un amistoso en Tarragona y hasta allí viajaron el entrenador del Manresa junto a tres de sus nacionales (Jordi Creus y los futuros jugadores del Caja Ronda, Luis Blanco y Pep Palacios). Viendo las carencias de su plantilla y siendo conscientes del presupuesto, tomaron la decisión de fichar a Mayes en lo que se convirtió en un acierto estival. Gran profesional, reservado y respetuoso en el vestuario, Clyde fue protagonista de otro fichaje. Los más veteranos de Ciudad Jardín recordarán que Mayes jugó en Málaga el año del último ascenso del Caja Ronda. Tras la «espantá» de Mark McNamara, el club cajista se afanó por encontrar un sustituto de garantías y pusieron sus ojos en el bueno de Clyde. Cuenta la leyenda que, aprovechando la eliminación de Manresa de la ACB, el inolvidable Martín Urbano cogió un maletín lleno de dólares para convencer al presidente manresano y ganar la puja frente a otros competidores. Mayes llegó con un contrato temporal a la Costa del Sol siendo decisivo para conseguir el objetivo de retornar a la liga nacional.

Rolando Frazer era el Yang . Consumado anotador, dotado de exquisitos movimientos ofensivos, el rocoso ala-pívot trajo el carácter y el ritmo panameño a Manresa, pese a sufrir los rigores del «Pacheco» como llamaban en su país al frío invernal. Una de las mayores estrellas del baloncesto centroamericano, referente de su selección, Rolando dejó huella en el Mundobasket celebrado en España en 1986 como uno de los máximos anotadores. Frazer, incansable encestador, hacía efectivo uso de su contundente trasero como recurso técnico para ganar la posición cerca de la canasta ante rivales más altos y fuertes. Desde sus escasos 2,00 metros, Frazer anotaba sin descanso gracias a su tiro a tablero. Palacios recuerda cómo Frazer, con su acento panameño, aseguraba que siempre conseguía anotar porque lanzaba «¡a tablita, friend!». Hombre de convicciones religiosas, el bueno de Rolando agradecía a la gracia divina y a los pasadores (Creus, Blanco y Pep Palacios) sus fabulosos registros. En el Congost, Frazer, apreciado en el vestuario por sus compañeros y siempre de buen humor, transmitía su pasión a la «fanaticada» que llenaba las gradas del coqueto pabellón.

Mayes y Frazer, dos talentos muy válidos, grandísimos jugadores que ofrecieron un rendimiento excepcional en pleno boom del baloncesto español. Anotación y rebote, brillo y sobriedad, Clyde y Rolando, perfecta simbiosis en la cancha que hizo historia con la camiseta roja del TDK Manresa.

La Peque-Columna (Simón RJ):

¿Sabías que Adam Waczynski, actual alero del Baxi Manresa, es el famoso «King Kong», el malagueño de Torun?