Memoria en Verde y Morado

Con la miel en los labios

TJ Shorts se abraza a Kendrick Perry, tras acabar el partido del viernes.

TJ Shorts se abraza a Kendrick Perry, tras acabar el partido del viernes. / Álex Zea

Juanma Rodríguez

Juanma Rodríguez

A un triple de la gloria, con Perry como protagonista, asumiendo la responsabilidad tal y como hizo Mike Ansley allá por el 95. Máxima ilusión, desconsuelo tras la bocina final. La marea verde apoyó sin descanso en el objetivo de poder celebrar la conquista de un título en el Carpena. Bufandas al viento y miles de gargantas cantando el himno de Pablo López, la estrategia teutona desplegó todas sus armas para paralizar el plan de Ibon, impidiendo un nuevo hito en una campaña mágica. Presión e ilusión a partes iguales, el equipo jugó maniatado perdiendo por momentos sus señas de identidad ante un rival con talento y muy correoso.

La final esperada queda para el partido de consolación. Los dos clubes españoles (Tenerife y Unicaja) vuelven a verse las caras en una rivalidad que se está convirtiendo en un clásico moderno del baloncesto nacional en el siglo XXI.

La longeva relación de Unicaja y las competiciones europeas se mantiene de forma ininterrumpida desde aquella histórica participación en la Liga Europea tras el subcampeonato del 95. Años antes, a finales de los 80, el Caja Ronda de Pesquera había conseguido dos meritorias pero fugaces apariciones en la extinta Copa Korac. Precisamente la Korac, tercer torneo en importancia dentro del panorama baloncestístico continental por entonces, nos permitió disputar dos finales consecutivas con distinto desenlace: derrota en casa y campeones a domicilio.

La primera de ellas nos dejó un regusto amargo. Marzo del 2000. Estábamos empezando a construir un verdadero proyecto ganador con el fichaje del maestro Boza Maljkovic y un presupuesto cada año más importante. Nuestro rival, el Limoges francés era todo un clásico del baloncesto europeo. A las órdenes del propio Boza habían conquistado de forma más que sorprendente la Liga Europea en el momento más álgido del «basket control». Aún seguía siendo un equipo puntero con una talentosa plantilla, encabezada por los futuros cajistas Marcus Brown y Frederic Weis, el clásico Harper Williams y el fabuloso alero Yann Bonato. Dirigidos por otro histórico como Dusko Ivanovic, el club lemosín consiguió un contundente triunfo en tierras galas que iba a resultar decisivo para alzarse con su tercera Copa Korac. Apoyados por un Palais des sports de Beaublanc en pie entonando la Marsellesa, el equipo francés salió enchufadísimo.

Su incontestable dominio durante todo el partido, les permitió conseguir una valiosa renta (80 – 58) que iban a defender con uñas y dientes en tierras malagueñas. Una semana más tarde, la esperanza se trasladó a un abarrotado Ciudad Jardín con miles de carteles con el lema «22 + 1» deseando empujar al cuadro dirigido por el maestro Boza hacia una épica remontada. En una ambiente ensordecedor, el fantástico arranque del partido nos cargó de ilusión a todos, grada y equipo. Sin especulación alguna, las huestes de Maljkovic percutían con acierto y relativa facilidad en el aro francés mientras nuestra defensa se hacía fuerte. En un guiño de suspense, el marcador reflejaba al descanso los mismos guarismos que en el partido de ida celebrado en Francia (43 – 29). Bocata en la grada e instrucciones en el vestuario, estábamos más cerca de la meta.

La remontada se intuía en el horizonte. Pero con el comienzo de la segunda mitad, los sueños locales se fueron diluyendo como un azucarillo. Los jugadores del Limoges tiraron de talento y experiencia y, tras una desastrosa actuación ofensiva local en la segunda mitad, el insuficiente triunfo local por 60 a 51 hizo que el conjunto galo alzara su tercer entorchado en la Korac de su historia. Perdimos una final, pero ganamos experiencia. La siguiente temporada, en una edición descafeinada de la Korac, en plena guerra entre la FIBA y la Euroliga por hacerse con el control del pastel de las competiciones europeas, el equipo de Maljkovic estrenó el Palacio de los Deportes conquistando el primer entorchado continental del deporte andaluz.

La derrota del pasado viernes debe ser un estímulo en el proceso de consolidación del actual proyecto de un Unicaja que sueña por volver a situarse entre los aspirantes a todos los títulos que aspiramos. Seguimos el plan y esperamos recuperar el dulce sabor de las mieles de los triunfos.