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Opinión | TRIBUNA

Nadie tiene la culpa

Sin tregua al desánimo (o ignorándolo, que sería peor), el día después del hundimiento, al convocarse elecciones generales, todo parece quedar atrás

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en el Palacio de la Moncloa

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en el Palacio de la Moncloa / Eduardo Parra (EP)

Los votantes del PSOE tiene derecho a la tristeza, más incluso que aquellos del partido que el 28 de mayo perdieron la nómina, porque la ilusión o su pérdida quedan adheridas a la piel, mientras que el sueldo se funde.

Sin tregua al desánimo (o ignorándolo, que sería peor), el día después del hundimiento, al convocarse elecciones generales, todo parece quedar atrás: puede que votos progresistas vuelvan a casa el 23 de julio, pero después, volverán los fantasmas del 28M. Esas sombras nos dirán que a quienes se les quedó grande la capital, les resultó oceánica la provincia.

Ya nadie mira a la cara a la tristeza, nadie habla de los números, de los resultados en urna, de los barrios abandonados por el PP que han preferido continuar su decadencia antes que aceptar la oferta de promesas vacías de técnica y de dialéctica... Tampoco se habla de por qué no todo se ha perdido, de que siguen existiendo pueblos y ciudades que votan al PSOE y que, por tanto, existen responsabilidades locales a las que hacer frente. Ya todo es general, a generales.

Muchas zonas de trabajadores, que son todas, pero las así mal llamadas, no han votado a su partido de toda la vida; Carretera de Cádiz en Málaga o El Boquetillo en Fuengirola son un ejemplo. Ahí es donde más duelo, donde te abandonas los tuyos.

Juan “el mentor” no está triste, dice que todo va bien, tranquilísimo a lo C. Tangana. Insisto, abusar del lino no trae nada bueno.

Ojalá me equivoque, pero sospecho que muchos cuadros del PSOE (no todos), es decir, los que tienen responsabilidades y ni se les pasa por la cabeza dejar de tenerlas, están pensando más en el 24J que en el 23J.

Pero es necesario pensar y actuar desde la atalaya de la tristeza. La escritora y activista política sordociega estadounidense, y también socialista, Hellen Keller nos legó esta reflexión para tener ahora en cuenta: «La tristeza es una montaña que todos debemos escalar, pero la cima ofrece una vista más clara y hermosa».

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