LA SEÑAL

Contacto en Marrakech

Marrakech es una ciudad que fascina. Especialmente, el mercado tradicional más grande del país, Jemaa el-Fnaa

Vicente Almenara

Vicente Almenara

Claro, dicho así, que se va de vacaciones a Marrakech, qué mayor importancia tiene, y después de haber peleado como un león por un buen resultado electoral que resultó contra todos los pronósticos muy destacable, pues parece que quiere uno que purgue el verano en una celda del monasterio trapense de San Isidro de Dueñas, y no es así. Es que hay que decirlo todo, aunque incomode a sus requetés. Que nos mandaron a Ceuta doce mil marroquíes, la mayoría menores, en mayo de 2021, y tanto susto le dio que hasta se subió a un helicóptero con el ministro de la porra y se fue para allá; después lo del espionaje de Pegasus a su móvil, posiblemente desde las antípodas, Nueva Zelanda; más tarde una misteriosa carta que le escribieron en la que, por lo que a él respecta, el Sahara era suyo, de Mohamed VI, quiero decir; a continuación, el plante real en enero de este año cuando ya estaba en Rabat…, ¿quieres que siga? Y ahora se va a Marrakech, con Begoña, que también perdió el móvil, o se lo birlaron, más probable, y sus dos hijas, Carlota y Ainhoa. Y es que ni disimula, y el disimulo es la estética de la política, señor.

Es un destino mágico, Marrakech -y allí vivió el grande de Juan Goytisolo-, gran ciudad al pie del Atlas fundada por los almorávides. Pero también cabe que haya ido a otros asuntos, pero eso te lo comento más tarde. Porque hay otro viaje que también merece unas letras. El Papa, que se fue a Lisboa, a la JMJ y dice la prensa cortés que se encuentra «rejuvenecido», y resulta que va en silla de ruedas que le empujan, no te digo. Pero lo más provocador que le escuchamos es «¿hacia dónde navegas Europa si no ofreces caminos creativos para poner fin a la guerra de Ucrania». Y lo dice él, que no ha pisado Kiev, cuando por allí ha pasado todo el mundo…, bueno, Feijóo no, tampoco. ¿Y tus «caminos creativos» cuáles son, Francisco?, dínoslos. ¡Qué Dios le ilumine siempre!

Y tampoco podemos olvidar que ha muerto Paesa, o eso parece, nuestro James Bond de la postransición y que, más allá de despeluchar a Roldán, que no era del PP precisamente, rindió un gran servicio a la democracia cuando vendió aquellos dos misiles antiaéreos rusos con una baliza que permitió la operación Sokoa contra los chicos de Otegui cuando a este le llamaban «el Gordo», después hizo dieta, no el idiota, y ahí está, poniendo nervioso al PNV e indignada a toda España.

Pero ahora las cosas son distintas, ayer leía de Zygmunt Buman, ya sabes, el sociólogo de la modernidad líquida, eso de que la tolerancia absoluta, de todo y para todo, es el valor dominante. Lo único que no se tolera en tiempos posmodernos son las convicciones firmes, las que no se sujetan a consenso, pues la época líquida, no tolera lo sólido y lo vomita. Es lo que pasa y ahora en ferragosto hay que tener cuidado con lo que comes.

Fíjate en el caso de Feijóo -que no sé ya si ha perdido también hasta la tilde-. Le está diciendo a los españoles que quiere ir a la investidura con los apoyos necesarios, cuando sabe que no los va a encontrar, y que si fuera sin ellos sería solo postureo, así que... Ahora ha aprendido algo importante y es que no ha ganado las elecciones, aunque sea la fuerza más votada, que eso nadie se lo quita. Gana las elecciones quien gobierna, porque reúne más votos que cualquier otro…, es el poder amigo, casi nada.

Pero vuelvo al principio. Marrakech es una ciudad que fascina. Especialmente, el mercado tradicional más grande del país, Jemaa el-Fnaa. Allí te puedes perder entre acróbatas, músicos, bailarines, vendedores de cualquier cosa y cuentacuentos. Y este es un ambiente que le encanta, se siente a gusto, vamos, y más entre los instrumentos típicos del folclore musical marroquí, el riq, el oud, el kanun… le entran ganas de quedarse allí de chamarilero. Pero no perderá el tiempo, ya verás, ni lo perderán con él. A Tajar Ben Jelloun, escritor marroquí que publica en francés, Premio Goncourt en 1987, se le ocurrió escribir:

Abandonó a su familia

dejó crecer la hierba

y llenó su soledad de piedras y de bruma.

Llegó al desierto

con la cabeza envuelta en una mortaja

la sangre derramada

en tierra ocupada.

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