El ojo crítico

Una respuesta previsible

Las casas del kibbutz Be'eri, atacado por Hamás.

Las casas del kibbutz Be'eri, atacado por Hamás. / Andrea López-Tomás

Fernando Ull Barbat

Fernando Ull Barbat

Con el ataque terrorista del pasado día 7 cometido por Hamás en tierra de Israel, se quiso dar un golpe en contra de la incipiente mesa de negociación entre Palestina e Israel y entre la propia Israel con diversos países árabes que rompiese cualquier posibilidad de una futura solución al conflicto palestino-israelí. El método y el alcance del ataque fue medido con exactitud para provocar la respuesta que Israel ha dado y va a dar. Hamás no se limitó a atacar a unidades del ejército israelí como hubiera sido lo lógico sino que ejerció una extrema crueldad sobre civiles indefensos que pasaron, en poco más de diez minutos, de estar en sus casas realizando sus quehaceres diarios a ser torturados, disparados o quemados vivos. Los terroristas prepararon el ataque durante meses y su intención sólo fue matar al mayor número de personas, hacerlo de manera cruel y violenta con el mayor sufrimiento posible, conseguir secuestrados para esconderlos en la franja de Gaza y grabarlo todo con cámaras de grabación adosadas a sus cuerpos o con sus teléfonos móviles. La intención de esto último era bien clara: compartir las imágenes y vídeos en Gaza con amigos, familiares y dirigentes de Hamás.

Sorprende que en las imágenes y cortas entrevistas de habitantes de Gaza que se han podido ver en televisión ya sea porque han sido grabadas por periodistas de la cadena Al Jazeera o por conexiones en directo desde Gaza, ni un solo palestino no sólo no haya condenado el ataque de Hamás, ataque que consistió únicamente en torturar y matar a civiles, sino que ni siquiera hayan dicho un comentario negativo sobre el mismo. Tal vez los palestinos no lo sepan pero a día de hoy su mayor enemigo es Hamás y no Israel. Los terroristas de Hamás se infiltraron en Israel con la intención de provocar la respuesta que Israel va a llevar a cabo sin que a los dirigentes de Hamás les importase lo más mínimo que como consecuencia fuesen a morir miles de palestinos. Gran parte del subsuelo de Gaza está horadado por una red de túneles con una extensión mayor que la red de metro de Madrid. ¿Cuándo se llevó a cabo? ¿Qué se hizo con la tierra y rocas que se extrajeron? Cerca de 7.000 cohetes explosivos de unos tres metros de longitud han sido lanzados, en las dos últimas semanas, por los integrantes de Hamás contra territorio israelí. ¿Ningún palestino vio cómo los transportaban? ¿Nadie vio cómo los introducían en los túneles? El grupo terrorista Hamás lleva años utilizando a todos esos niños heridos (que enseñan a periodistas elegidos) como escudos humanos para impedir que Israel destruya sus centros de mando y túneles ubicados debajo de hospitales, edificios y escuelas.

Israel ha preferido no enseñar los cuerpos de los 1.400 muertos que perdieron la vida en el ataque de Hamás hace dos semanas. Un grupo de periodistas pudieron visionar un resumen de una hora que el ejército israelí hizo con las grabaciones de los terroristas con sus móviles, cámaras adosadas al cuerpo o que estaban instalas en los coches tiroteados. Los periodistas hablaron de violencia extrema, de personas que estando todavía con vida después de haber sido tiroteados eran desmembrados utilizando un hacha o una azada, de familias enteras quemadas vivas y de bebés descuartizados. A los niños que no mataron los metieron en jaulas y se los llevaron en camiones utilizados para transportar ganado.

Se da la circunstancia de que los kibutzs atacados, que se encontraban cerca de la frontera en su mayor parte, eran los únicos lugares donde había una interacción entre ciudadanos de Israel y de Gaza. Un israelí ha contado que entre los atacantes vio al que durante años había sido su fontanero. Cuando los terroristas se abrieron paso destruyendo la frontera un tropel de civiles de Gaza se adentraron en los kibutzs para matar, violar a mujeres y robar todo lo que pudieron. Después quemaron las casas. La consecuencia es que tendrán que pasar varias generaciones para que vuelva a existir una mínima confianza entre ambos pueblos.

Lo que quiero decir con esta descripción es que los terroristas de Hamás se preocuparon de causar un tipo de mal que no tuviera otra respuesta posible de Israel que no fuera entrar a sangre y fuego en Gaza. A los dirigentes de Hamás, cómodamente instalados en un hotel de lujo en Dubái, y con sus hijos gestionando lucrativos negocios en Turquía, los civiles de Gaza les importan muy poco. Los utilizan y son enseñados a Occidente para que los manifestantes contrarios a Israel puedan, en las calles de Europa, enarbolar fotos de cadáveres. Resulta evidente que Hamás utiliza a los muertos provocados por Israel con sus bombardeos para generar odio hacia Israel en su eterna lucha por exterminar a los judíos como ya intentó la Alemania Nazi en los años 30 y 40 del pasado siglo.

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