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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Equívoco en el bar

Me acerqué a mi amigo. Había quedado con él. Pero ya estaba con alguien muy parecido a mí

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Ayer iba a entrar a la coctelería de un conocido hotel de la ciudad y de repente me salió al paso un empleado vestido de traje oscuro que se interpuso entre la puerta y mi cuerpo. Dónde va, me inquirió con prontitud.

Un poco azorado, acerté a musitar que iba al bar, donde había quedado con un amigo. El empleado, cuerpo de gimnasio, cuidada barba, bachiller tal vez, me miró con cierto aire despectivo y me dijo: caballero, no se puede estar toda la mañana entrando y saliendo. No supe qué contestar, me apuré, me quedé un poco paralizado. No deshice el equívoco. Finalmente acerté a decir: perdón, es que estoy algo inquieto y he salido un par de veces a fumar. Vale, vale, dijo. Entre, entre. Y entré. Avancé por el pasillo, ya decorado de Navidad. Alcancé la coctelería, art decó, animada, con gente guapa y gente fea degustando negronis, dry martinis, morcilla con piñones de Burgos capital, cervezas o vinos cabezones de la tierra. Algarabía. Mi amigo, frente ancha, nariz aguileña, rectitud y bondad en el espíritu (siempre me he identificado con esta descripción que hace Vargas Llosa de ese legendario personaje ¿de qué novela?) me aguardaba. Lo vi de espaldas. Pero lo acompañaba alguien. Con una americana marrón con coderas. Como la mía. Con unos vaqueros idénticos a los míos. Me acerqué un poco. El acompañante, ahora, de mi amigo, a quien yo acompañaba antes, tenía también un poco de calvicie en la coronilla y un gesto, como el mío, un tanto raro, al cruzar las piernas. Preferí observar la escena a distancia. Fui a la barra. Me dijo la camarera: le acabo de decir hace diez segundos que ya le llevo la cerveza. ¡Por favor! Me di la vuelta. Salí a fumar.

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