El contrapunto

John Pascal Rickman, La Farola y una lápida en Dorset

En Powerstock hay una lápida que recuerda la tragedia de John Pascal Rickman, fallecido en España en febrero de 1937

 Tragedia sería también que al final se levantara la Torre del Puerto para una de las ciudades más bellas de Europa

Dorset

Dorset

Rafael de la Fuente

Rafael de la Fuente

Hace exactamente una semana, el pasado sábado, en la página octava de La Opinión de Málaga, el insigne maestro de maestros, Alfonso Vázquez, ha publicado uno de sus artículos más importantes: digno de su pluma y de uno de los mejores periódicos de España: «La Torre del Puerto y el regreso a 1969». Lo encabezaba una espléndida foto de ese lugar, aparentemente sagrado, La Farola y el puerto malagueño. Por cuya salvación, Alfonso Vázquez, como muchos malagueños llevamos tantos años luchando. Como el gran escritor que es, don Alfonso nos dejó un emocionante destacado. De auténtica antología: «Como salidos de un episodio de ‘Cuéntame’ de 1969, el lunes una mayoría de concejales aprobará uno de los mayores atentados paisajísticos contra su propia ciudad».

Inmediatamente me vino a la memoria otro amable artículo de La Opinión. El 19 de diciembre del 2010, este admirable diario malagueño, La Opinión de Málaga, tuvo la inmensa generosidad, totalmente inmerecida, de dedicar un excelente artículo de uno de sus más prestigiosos colaboradores, Lucas Martín, a este humilde servidor de ustedes. Con gratitud y siempre abrumado por el gran honor de que me fuera entonces otorgada aquella distinción, cito los titulares de aquel texto: «Rafael de la Fuente Milanés: Gentleman y gurú del turismo. Acaba de recibir la medalla de oro del Ateneo.»

Así fue y así lo recuerdo. Como recuerdo también, con gratitud y respeto, y siempre con emoción, lo que he escrito en diversos momentos y circunstancias de mi vida sobre un joven héroe británico, que dio su vida por España. He escrito en más de una ocasión sobre John Pascal Rickman. Y espero poder hacerlo de nuevo. Como lo he hecho también sobre otro paraíso perdido. El Castillo de Santa Clara, en Torremolinos, en tantos aspectos, creación del gran George Langworthy. Torremolinos, en aquella época, una barriada de Málaga, supuestamente protegida por el Ayuntamiento malacitano. Con el permiso de la Presidencia del Ateneo, quise al final de mi intervención dedicar esa hermosa Medalla del Ateneo de Málaga a la memoria de John Pascal Rickman y a todos aquellos aquellos extranjeros que habían amado apasionadamente a la España que habían conocido como turistas y viajeros. Y sobre todo como amigos.

La iglesia de Saint Mary the Virgin, en Powerstock, en el condado inglés de Dorset, fue construida en el siglo XII. De ahí su inconfundible fisonomía normanda. Se levanta la parroquia, con su cementerio, sobre una pequeña colina, dominando el caserío. La piedra y las tradicionales techumbres de brezo de las casas, los jardines, transmiten una sensación de armonía y de serenidad. Una comunidad que da la impresión de vivir en paz con sus ideales y sus expectativas. No deja de llamarnos la atención. Sobre todo cuando se viene de entornos urbanos más convulsos.

Invitados por unos buenos amigos ingleses de toda la vida, mi mujer y yo tuvimos la buena fortuna de pasar unos días en una de aquellas casas de Powerstock. Es proverbial la capacidad de un hogar inglés, sobre todo en el campo, de llegar a ser un pequeño mundo inteligentemente concentrado y amable, ensimismado en su propia realidad física. Especialmente cuando el viento y la lluvia golpean la piedra de los muros y aquellas ventanas de hermosos cristales, dos veces centenarios. El tic-tac de un venerable reloj de pared revestido de recias maderas nobles a las que el tiempo y la cera han dado profundidad, se une al silbido que anuncia que el agua ya hierve para el té. Ritos que interrumpiremos cuando el sol decida regalarnos un día perfecto y la campiña de Dorset se nos presente ataviada con sus mejores galas. Será el momento de explorar uno de los condados más bellos de Inglaterra.

En un corto viaje por las angostas carreteras rurales de la región (en la mayoría de ellas es necesario pararse para dar paso al vehículo que tenga la preferencia) se llega a una especie de pequeña galaxia en la que vivieron algunos grandes personajes de la literatura inglesa. El ‘cottage’ de Thomas Hardy, cerca del bosque de Thorncombe, puede ser la primera parada de este peregrinaje. O la vivienda de T.E. Lawrence, Clouds Hill, adaptada al antiguo alojamiento del guardabosques de la finca de la familia Moreton. Llegaremos también a la pequeña ciudad marinera de Lyme Regis. Y allí, veremos la Belmont House, donde John Fowles, el autor de La mujer del teniente francés, pasó los últimos 37 años de su vida. Muchos aficionados al cine nunca olvidaremos la escena aquella en la que Sarah Woodruff (Meryl Streep), la heroína de la película y la novela, se enfrenta al viento en el espigón del puerto de Lyme Regis. La recordaremos, unida a la imagen de aquellas olas monstruosas, que estallaban al chocar con la barrera de piedra. La misma que el Rey Eduardo I mandó levantar hace siete siglos para proteger al fondeadero de los ataques de un mar raras veces amistoso.

Regreso a Powerstock y a su airosa iglesia normanda. En su cementerio predominan las lápidas con varios cientos de años de antigüedad. La más antigua es del siglo XIII. El tiempo y la erosión han borrado muchas de las inscripciones. También se conservan los restos de una mesa de ofrendas de piedra gris, también del XIII, desde la que se distribuía el pan a los pobres del lugar.

Fue una extraordinaria casualidad la que me permitió descubrir un tesoro. Era una lápida muy sencilla, en forma de cruz celta, en la que me encontré esta inscripción: «Aquí yace Anne Maude Rickman, que falleció el 14 de febrero de 1967 con la edad de 88 años. En memoria también de su único hijo John Pascal Rickman. Fallecido en España en febrero de 1937 con la edad de 26 años. Entregó su vida por la causa de la libertad».

Esa noche, cenando con nuestros anfitriones, compartí con ellos mi descubrimiento. Con su ayuda, pudimos averiguar que John, aquel joven de Powerstock, hijo de un ilustre vicario de la Iglesia de Inglaterra, dejó sus estudios en Oxford para marcharse a una lejana y feroz guerra civil. En un lejano país llamado España. Le había dicho a su familia que se iba a Francia. Cayó en el frente del Jarama. Hasta el día de hoy se ignora dónde puede estar su sepultura. Una tragedia. Como lo podría ser el sacrilegio que una vez más se quiere cometer contra Málaga, una de las ciudades más bellas de Europa.