En corto

Mañana de domingo en la playa

Pedro de Silva

Pedro de Silva

El extenso arenal urbano amaneció indemne, con la piel mojada y alisada por la bajamar. Luego los visitantes empezaron a repartírselo en buen orden: los adictos al fútbol-playa se afanaron a demarcar sus campos de juego, los canes que pasean a sus amos, sacándolos de la cama dominical, fueron poblando su espacio de convivencia en libertad, en el que nadie ataca a nadie y los grupos de aprendices de surfistas montaron sus aparejos y se pusieron a ensayar posturas, primero en la arena y luego en la orilla, mientras los veteranos bañistas de año completo se abrían paso hacia la mar, abordando el oleaje con decisión pero sin osadía. Con las horas, las huellas de unos y de otros irían dejando una caligrafía cada vez más apretada y confusa en la arena, hasta que la marea, al ir subiendo, hizo su trabajo de limpieza y planchado, despejando luego poco a poco la playa de visitas.

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