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Dos caminos: modernizar o retroceder

Modernizar España es un verdadero peligro para la democracia como todo el mundo sabe. Es lógico montar la alarma. Retroceder cincuenta años más o menos es lo deseable

José María Aznar, en un acto celebrado en Alicante.

José María Aznar, en un acto celebrado en Alicante. / ALEX DOMÍNGUEZ

Marc Llorente

Por eso el endiosado y excluyente Aznar suelta lo que suelta y no para. Es normal. Qué va a hacer, si no, el guardián de nuestro universo democrático, garantía segura en la defensa de los derechos y las libertades. Manifiesta Yolanda Díaz que estamos ante un cambio de época, y este señor y toda su corte se llevan las manos a las cabezas. Porque entienden que estas y otras cosas son una declaración de guerra.

Modernizar España es un verdadero peligro para la democracia como todo el mundo sabe. Es lógico montar la alarma. Retroceder cincuenta años más o menos es lo deseable. Defender un proyecto autoritario con sus recortes sociales, mientras otros toman medidas que favorecen a la mayoría de la población.

Subir el salario mínimo a la altura de los trabajadores es pura y simple infamia. Propio de un Estado autocrático. Es confrontación, destrucción, exclusión y división. Gobernar contra millones de españoles y acabar con la Constitución. Romper el país, en resumen. «El que pueda hacer, que haga», reclamó Aznar. Dicho y hecho. Protestas desorbitadas con la excusa de la ley de amnistía y principalmente contra el nuevo Gobierno de coalición. Violencia, tensiones políticas…

Cruzan todas las líneas rojas, aunque es Sánchez quien las cruza al parecer. Provocan una crisis institucional y, sin embargo, son otros los que la fabrican. La soberanía nacional reside en el Parlamento, no en la calle, y todos los partidos que están en él no se han colado por la puerta de atrás. El presidente del Gobierno, eso sí, tendría que sentarse en el banquillo por obra y gracia de los profesionales del apocalipsis.

La apelación a la responsabilidad, defendida por el guía espiritual del PP, es extraordinariamente importante. La solicitan los que no la ejercen y ponen en tela de juicio la democracia disfrazados de demócratas de toda la vida. La dictadura acaba de comenzar, cree Díaz Ayuso, presidenta madrileña en sus ratos libres y a la que le «gusta la fruta», insultar siempre y decir sandeces de grado superior en sesión continua. El ridículo del grupo popular en Estrasburgo, pidiendo socorro, es antológico.

España progresa, que es lo que no quieren algunos bajo ningún concepto, ya que las fuerzas reaccionarias están en cualquier parte. Recientemente un grupo de militares retirados firmaron un manifiesto con intenciones golpistas, en el que solicitaban la intervención del Ejército para destituir al Ejecutivo de Pedro Sánchez, a su nuevo libro «Tierra firme», supongo, y defender el ordenamiento constitucional ante la gravedad de una situación generada más bien por toda esa gente afín a ese tipo de actitudes.

Aun así, el golpe de Estado lo lleva a efecto Sánchez al llegar a acuerdos con los independentistas, en función del resultado de las urnas y dentro del marco legal. Un ilegal Gobierno cuyo cómplice debe de ser el rey por lo visto. El Estado de derecho se quiebra cuando los adversarios políticos son en realidad enemigos de signo contrario y brillan el disparate de grueso calibre y las conclusiones de ficción en las que no creen ni los que las pronuncian. Quienes tiran fuegos artificiales en el nombre de la libertad de expresión, buscando su interés y desgastar a los de enfrente para abrirse camino y luego hacer de las suyas en contra de una supuesta tiranía de la que ellos entienden mucho.

Hablan, nada más y nada menos, de un cambio de régimen y de la eliminación de la separación de poderes. Ciertos jueces actúan en su teatro como miembros al servicio de los intereses conservadores e involucionistas de las derechas. No están para rechazar una ley, sino para aplicarla bien en su caso. Sin embargo, son otros los que generan atropellos. Puede haber oposición, pero lo que hay es una historia descabellada, nada constructiva y democrática. Movilización y resistencia en las calles, o un bumerán que antes o después golpea a los que lanzan este artefacto de ida y vuelta.

Además de alentar determinados actos, como el reciente en Madrid para dar moral a la tropa y homenajear a Rodríguez Zapatero por su ejemplar militancia, a diferencia de González y Guerra, y en favor de la diversidad de una España que hondea la bandera, símbolo que no es propiedad de unos cuantos, la respuesta solo debe ser la continuación del paquete social iniciado en la anterior legislatura. Modernizar o retroceder. Justicia social o solo el éxito de la cartera de algunos.

Es preciso superar claramente la precariedad laboral, que aún existe, y la defraudación a la Seguridad Social y la Agencia Tributaria por parte de ciertos empresarios, entre otras mejoras, como las políticas de vivienda, al margen de las estrategias liberales que no ven un derecho en esta cuestión y en otras cuestiones, sino un lucrativo negocio.

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