Viento fresco

En Málaga no puede alquilar ni Dios

Nadie toma nota del problema. Salvo el encuestador

Nadie toma nota del problema. Salvo el encuestador

Nadie toma nota del problema. Salvo el encuestador / L. O.

Jose María de Loma

Jose María de Loma

El precio de la vivienda es el principal problema que tienen los malagueños, según una encuesta de la UMA. Pensé que la sequía, el empleo y la (falta de) limpieza estarían por encima, aunque también ocupan lugares destacados. Como el tráfico. O sea, problemas comunes a todas las grandes ciudades, lo cual lejos de ser un consuelo es una putada. Sería interesante saber si han preguntado por la torre del puerto. El sondeo refleja que asciende a un 92% el porcentaje de ciudadanos que tildan de ‘muy caros’ o ‘caros’ los alquileres en su barrio. Así, que ojo, ojo, hay un ocho por ciento que considera normal lo que ahora te pueden pedir al mes por un cuchitril infame o incluso por un sitio molón pero pequeñísimo. O sin ascensor. ¿Un ocho por ciento de gente en la inopia, un ocho por ciento de rentistas, especuladores, despistados, ricachones? Nada en esta vida, salvo que todos nos vamos a morir y que el gazpachuelo lo preparaban mejor antes, genera unanimidad.

Ahí está lo interesante. Pasa como con eso de que nueve de cada diez dentistas recomiendan chicle sin azúcar. Yo quisiera conocer al que no, al que va contracorriente, al que disiente. Al diferente. Ese es el que tiene una entrevista. Málaga es la ciudad donde más suben los alquileres. Y donde más encuestas se hacen. La profesión de encuestador florece allá donde todos tienen opinión. Y falta de techo. Los malagueños perciben como un problema el precio de los alquileres pero los que lo notan de verdad son los de fuera: no pueden venirse. O si se vienen es porque son ricos y entonces contribuyen aún más a encarecer los alquileres.

Aquí no puede pagar un alquiler ni Dios y a Jesucristo le pediríamos una fianza muy gorda por adelantado. Los malagueños tienen calado el problema, salvo un ocho por ciento. No tenemos ni para una ventana, por eso no se ve solución. «Es el mercado, amigo», suelen decir los que con su mes no llegan a fin de sueldo. Tenemos un problemón pero nadie toma nota de ello. Salvo el encuestador.