Tiene que llover

La moral arrasada

José Ignacio Lapido no está ni de lejos en primerísimo plano y, sin embargo, es considerado uno de los mejores letristas que nos rodean

El músico granadino José Ignacio Lapido.

El músico granadino José Ignacio Lapido. / L. O.

Francisco Esquivel

Francisco Esquivel

Se define como lo que es: un trabajador de la música. No pretende ser ni más ni menos. Cuarenta años largos lleva defendiendo sus canciones. José Ignacio Lapido no está ni de lejos en primerísimo plano y, sin embargo, es considerado uno de los mejores letristas que nos rodean. Algo tuvieron que ver grupos como Burning que se atrevieron a cantar en español cuando las formaciones de su calaña apenas lo hacían. Viene de tocar en banda desde finales de los setenta y no hace mucho actuó por primera vez en solitario acompañado de su guitarra como el cantautor que nunca fue. Lo explica de lujo porque se expresa igual de bien que compone en el fragor de la batalla con el folio en blanco: «A dar este paso me obligó la pandemia. Se trataba de optimizar recursos. No se podía ensayar, los aforos se encontraban reducidos... Había que adaptarse al medio y fui despojándome de acompañamientos hasta que di con la tecla y me trabajé el repertorio». Y de muestra el botón de una pieza que lleva por título «Arrasando» dentro del álbum «A primera sangre» que vio la luz el año que se fue hace nada: «Las palabras se deshacen antes de nacer/y los días crujen como ramas al quebrarse/El estrépito y el gozo han quedado atrás/como viejos troncos que en silencio caen/Recuerdo las ciudades como un débil resplandor/o a punto de apagarse porque llega el vendaval. Arrasando/arrasándonos...». Se refiere al amor del mismo modo que podía sugerir todo lo contrario. Porque mientras la inmensa mayoría andábamos en aquella terrible experiencia adaptándonos al medio, los sanitarios se dejaban la vida sin poder evitar tener ante sus ojos gente muriéndose alejada de los suyos en tanto que cuadrillas de espabilados aprovechaban la relajación de los controles, por mor de la urgencia, para ponerse las botas ante la complacencia de barandas encargados de velar bajo llave por la salud y la seguridad de un auditorio con cabida para millones de compatriotas en espera de protección. Qué difícil es ponerle música a esto.

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