Cartas de los lectores

Máximo de la Peña Bermejo

Los colores

Nuestros dirigentes son muy sensibles a unos colores y son incapaces de percibir otros. Los políticos observan la misma cosa al mismo tiempo y a la vez de una forma totalmente distinta e incluso opuesta, creen que entienden lo que ven y lo que piensan, pero no dicen lo que ven ni lo que piensan. Y al final nadie comprende lo que quieren decir. El plan de relanzamiento de la economía que ha tenido el ‘doctor’ Sánchez, no ha sido nada, solo una espectacular propaganda llena de colores invisibles. Para unos, una iniciativa solidaria e inteligente, para otros el inquilino de La Moncloa rompe el techo de gasto, su presupuesto parte del principio de que todos somos hermanos, pero la hacienda ha estado bien repartida hasta la llegada de Sánchez, que de un cabezazo rompe el techo de gasto inútilmente, contra una pancarta publicitaria. Si la mano que gasta y la mano que recauda es la misma mano. Adiós a la libertad política, tendremos corrupción, astucia, tiranía y mando único. Se acabaron los colores del ‘Rompetechos del Pueblo’. Hay quien asegura que el mandamás tiene colores de delincuente, mientras sus partidarios le señalan como el ‘Rompetechos del Estado’. Y hay quien cree que es su condición. De romper el techo y el suelo y lo que haga falta para provocar una confrontación con todos los colores del pueblo para dormir en La Moncloa. No queda nada más que el blanco y el negro. Cualquier nuevo episodio puede borrar a uno de ellos. Desgraciadamente, esto no tendrá arreglo hasta que el pueblo no empiece a ver la enorme variedad de grises que existen en una sociedad democrática. Un solo color de poder crea más descontento y da motivo a la necesidad de nuevas arbitrariedades. Ya sabemos que los socialcomunistas odian las libertades. Primero te engañan y después pobreza, miseria y a morirse de hambre. Nunca prestamos suficiente atención a los primeros síntomas de una tiranía, y una vez ha crecido hasta un punto, ya no se puede detener por medios pacíficos y democráticos. El dialogo ya no sirve…