Opinión | Tribuna

Cuando votes, cree en ti

"Es importante entender que la situación actual de polarización requiere que el centro político se escinda del bipartidismo para dar cabida a una opción diferenciada, que luche realmente no solo por preservar el Estado de Derecho sino por velar por la voluntad de los ciudadanos"

1976 no es un mal año para nacer si eres de las personas que creen en la importancia de la política. Vienes al mundo con el inicio de la Transición, con el camino forjado por la Ley para la Reforma Política, con el gobierno de Adolfo Suárez, con el referéndum de la Constitución Española y con la aparición de la alternancia política, pero también con el temor a un nuevo atentado de ETA, con el mayor golpe a la democracia española el 23F, con la consagración primero y degradación después del bipartidismo. Ver pasar en cuatro décadas lo mejor y lo peor de la política española, quieras o no, marca.

Puede que sea por eso por lo que muchos de los que nacimos con la democracia nos consideramos de centro. El centro político ha conseguido grandes consensos y facilitado grandes progresos en pro de la democracia. Pero, como en una diana, el centro siempre ocupa poco espacio. Su ausencia lo hace cada vez más necesario, con la ultraizquierda y la ultraderecha tirando de los dos grandes partidos hacia los extremos. Por eso es importante entender que la situación actual de polarización requiere que el centro político se escinda del bipartidismo para dar cabida a una opción diferenciada, que luche realmente no solo por preservar el Estado de Derecho sino por velar por la voluntad de los ciudadanos.

A los liberales que de verdad nos mueve la libertad y la tolerancia nos es difícil, por no decir imposible, formar parte de partidos políticos movidos por intereses partidistas, por el sectarismo, por pactos con partidos anticonstitucionales y salpicados por la corrupción. Estamos cansados de la política basada en el si tú no, yo sí y viceversa, que prioriza la bronca continua. No seamos ingenuos, ni la derecha de ahora es liberal, ni a la izquierda de ahora le favorece el constitucionalismo. La polarización entretiene, pero no soluciona ni uno de los problemas que vivimos los ciudadanos de a pie: desde la necesidad de una Ley para enfermos de ELA, la imposibilidad de los jóvenes de optar a una vivienda asequible o de la equiparación salarial y reconocimiento como profesión de riesgo a la Guardia Civil, por nombrar algunos.

Pero no es ingenuo pensar que los electores tenemos la sartén por el mango, que somos nosotros los que podemos cambiar esta situación. Los liberales, inconformistas, no nos rendimos, lucharemos hasta el último aliento porque no hay mayor honor que defender los ideales en los que crees desde el medio campo, defendiendo cuando te ataquen y avanzando cuando el contrario se debilita. Ese momento de debilidad lo tenemos delante: no se puede obviar que nos gobiernan partidos débiles, como débiles son los que están en la oposición. Ha llegado la hora de proclamar que la libertad, la igualdad, la justicia social y el progreso deben ser nuestra bandera y que queremos un país justo, que una los territorios, que defienda sus identidades culturales, que seamos referentes en la Unión Europea y que no nos avergoncemos de nuestra democracia. Ser español.

Ser español debe ser estar orgulloso de serlo, ayudar a los nuestros y a los que vienen buscando una vida mejor, luchar para que nuestra tierra sea la que brinde mejor calidad de vida, enterrar para siempre la discriminación y el odio hacia los diferentes.

A los centristas de verdad nos mueve la igualdad, anteponer el interés de los ciudadanos a otros ya conocidos. En las elecciones europeas hay una nueva opción de Centro. Es el momento de escuchar todas las opciones, creer en ti y decidir tú, pensando en tu vida y en la de los tuyos. Sólo así sabrás que, cuando la política cambie, habrá sido también gracias a ti.