Opinión

Cartas al director

'Inteligencia artificial', por Javier Rodríguez Herrera

La inteligencia artificial (IA) promete revolucionar industrias y mejorar la vida cotidiana, pero también conlleva peligros significativos que no podemos pasar por alto. Uno de los riesgos más evidentes es el desplazamiento masivo de empleos. La automatización de tareas podría dejar a millones de personas sin trabajo, agravando la desigualdad económica y social.

Otro peligro crucial es la perpetuación de sesgos y discriminación algorítmica. Los algoritmos de IA, al aprender de datos históricos, pueden amplificar prejuicios existentes, resultando en decisiones injustas en contratación, préstamos y justicia penal. La privacidad también está en riesgo, ya que la IA facilita la vigilancia masiva por parte de gobiernos y empresas, erosionando libertades personales y fomentando un estado de monitoreo constante.

Además, la IA autónoma en el ámbito militar presenta amenazas existenciales, con sistemas que pueden tomar decisiones sin intervención humana, aumentando el riesgo de fallos catastróficos y conflictos. La capacidad de la IA para crear desinformación sofisticada, como los ‘deepfakes’, puede manipular la opinión pública y socavar la confianza en las instituciones democráticas.

Para mitigar estos riesgos, es crucial desarrollar marcos éticos y regulaciones adecuadas. Solo mediante la colaboración global podremos asegurar que la IA se utilice de manera beneficiosa y segura para la sociedad.