Opinión | 360 grados

Las políticas de austeridad favorecen a la extrema derecha

Como muestra, lo ocurrido en Alemania en los años treinta del siglo pasado: en 1928

Manifestantes de la ultraderecha alemana.

Manifestantes de la ultraderecha alemana. / EFE

Las políticas de austeridad han sido tradicionalmente un caldo de cultivo para la extrema derecha, según nos enseña la historia europea.

Como muestra, lo ocurrido en Alemania en los años treinta del siglo pasado: en 1928, el partido nacionalsocialista era prácticamente minoritario.

Pero después de que el canciller Heinrich Brüning aplicase una serie de medidas drásticas de ahorro, que agravaron la crisis económica, el NSDAP se convirtió en el más fuerte del Parlamento y con él se acabó la democracia.

El mismo Adolf Hitler publicó en diciembre de 1931 un panfleto dirigido a Brüning en el que pronosticaba que el cuarto paquete de medidas de ahorro contribuiría al triunfo de su partido.

Lo explican los profesores de historia económica Christopher Meissner, Gregori Galofré-Vilà y David Stucker en un estudio que vio la luz en 2018 y que lleva el título de “La Austeridad y el Ascenso del Partido Nazi” y del que da cuenta el semanario alemán Der Spiegel.

Según Meissner, los recortes de las ayudas públicas sumados a los aumentos de impuestos contribuyeron claramente al auge de los nacionalsocialistas.

El experto cifra esa contribución involuntaria en entre un dos y un cuatro puntos porcentuales y explica que es algo que se debería tener muy en cuenta también en la situación actual.

La austeridad no es ciertamente el único factor determinante, sino uno de muchos, pero no hay duda de que fortalece a la extrema derecha.

Ocurrió también en el Reino Unido, donde ese tipo de políticas de los gobiernos conservadores, que obligaron a importantes recortes en los servicios públicos, pudieron contribuir al triunfo del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) y por tanto al Brexit.

El porcentaje de votos a favor del partido del populista y euroescéptico Nigel Farage pasó rápidamente de 3,5 puntos a 11,9 puntos porcentuales en las elecciones municipales, y votar al UKIP equivalía a hacerlo por el abandono británico de la UE.

Algo parecido sucedió también en Suecia, donde en 2006, tras años de gobiernos socialdemócratas, llegó al poder una coalición de centroderecha que en ese caso rebajó, en lugar de subir, los impuestos a quienes tenían un empleo fijo, lo que obligó a recortar el gasto social en perjuicio de todos los desempleados.

Según otro estudio de científicos de universidades suecas y estadounidenses, que cita también Der Spiegel, el partido de los Demócratas de Suecia, de ideología ultranacionalista, creció en votos allí donde existía la mayor desigualdad socioeconómica y era también mayor el desempleo.

Según el economista Mathias Klein, que trabaja en el Banco Nacional de Suecia y participó en un estudio en varios países europeos, entre ellos España, Francia, Alemania, Portugal o Italia, los recortes de ayudas públicas favorecen siempre a los partidos extremistas.

Éstos salen siempre beneficiados en las regiones más pobres de un país y especialmente en las agrícolas, pero sobre todo cuando es un Gobierno de izquierdas el que aplica los recortes.

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