Opinión | Tribuna

De los barbarismos

Una avalancha de barbarismos inunda España: crece en progresión geométrica y nuestros compatriotas acogen con entusiasmo, quizás por resignación en algunos casos

Ejemplares del Diccionario de la RAE

Ejemplares del Diccionario de la RAE / L.O.

«Un fantasma recorre Europa. El fantasma del comunismo». Esta sentencia (algo fantasma, lo digo porque habría sido más propio afirmar, por ejemplo, «Un fenómeno recorre Europa…»), preámbulo del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, me hace pensar en esa otra avalancha que inunda España: la ola creciente, la invasión de barbarismos (palabras, expresiones, frases) que crece en progresión geométrica y que nuestros compatriotas (paisanos, instituciones, políticos, medios de comunicación y hasta la misma RAE) acogen con entusiasmo, quizás resignación en algunos casos, vencidos ante tal avalancha, no se sabe si por afán de ponerse al día como sea, de parecer que lo están, por conformismo o por simple papanatismo. No falta quien crea (o diga creer) que es una forma de enriquecer el idioma, aunque parece de clara evidencia que esa incorporación descontrolada, más bien lo adultera.

Creo sinceramente que muy pocos de estos términos o expresiones son aceptados por verdadera necesidad, es decir porque no exista un equivalente en castellano. Uno de los últimos préstamos (así lo llaman algunos y, en efecto, pueden tener en común con los del banco en que no hay forma de quitártelos de encima) con el que a ciertos comunicadores se les llena la boca, se deleitan vamos, es el de fake news, porque pensarán, supongo, que suena mejor, más elegante, más actual, más cosmopolita, o yo que sé, que falsas noticias, que sería lo suyo.

Esto no es nuevo (aunque ahora sea galopante): Desde siempre se nos han colado palabras en nuestro idioma, muchas murieron, otras han perdurado. Cuando la época del esplendor francés (que algunos vecinos del norte, creen que aún existe), no eran infrecuentes los galicismos, pero desde la mitad del siglo XX, más o menos, es el inglés quien bate todos las marcas (he evitado el anglicismo récord). El Reino Unido y su pariente Estados Unidos nos han llenado, nos llenan cada día, de nuevas palabras anglosajonas. Es justo y necesario reconocer que, a causa de su papel predominante en informática, navegación y ciencias en general (aparte de que el inglés se haya convertido en la lengua franca en no pocos de estos campos) resulta inevitable que así sea, pero yo creo que -para eso se supone que está la Academia de la Lengua-, se podría hacer más por defender nuestra forma de hablar. También hay lusitanismos o italianismos, como barullo o birra, pero yo no veo en éstos esa carga agresiva, que percibo en los anglicismos (aunque particularmente creo que llamar birra a una cerveza no deje de ser algo cursi).

No es cosa de traer aquí una relación exhaustiva de barbarismos, que podría llenar páginas enteras del diario. Éste es un problema de difícil solución, porque la tomatera extranjerizante tiene a muchos corroído el cerebro y así te encuentras un camarero con un Staff en la espalda, como si trabajase en un barco mercante o en alguna cafetería te tropiezas con que anuncian coffee, en plan original, cuando precisamente la palabra española café, se ha impuesto en muchos idiomas, hasta con tilde incluida (será, quizás, que haya quien deba de viajar más).

Así que la solución a este lamentable problema (que puede parecer menor, pero no lo es, si entendemos y queremos que nuestra idiosincrasia como nación se mantenga y no se vaya sumergiendo lentamente pero sin remedio en el lodo de la estupidez) no la veo más que en un hipotético horizonte, donde los que nos gobiernen tomen conciencia de este asunto y le pongan remedio, antes de que la lengua de Cervantes, Quevedo, Lorca, Machado y tantos otros que la fueron forjando, se convierta en una suerte de dialecto de segunda categoría.

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