Opinión | Viento fresco

Pisos turísticos

Reformitas tímidas para frenarlos en Málaga. Pero lo importante es que la maquinaria elefantiásica municipal ha despertado. Ahora, a ver cuánto ruge

Turistas en Málaga capital.

Turistas en Málaga capital. / Álex Zea

El Ayuntamiento de Málaga ha declarado la guerra a los pisos turísticos cuando los pisos turísticos ya solo pueden molestar a otros pisos turísticos.

Tal es la cantidad que hay. Saturación. Ni el alcalde, Francisco de la Torre, el otro día acertaba con el número, confesando que pueden ser miles más que los que recogen las estadísticas. Podríamos estar hablando de hasta 12.000 solo en la capital. En la capital de los pisos turísticos.

Los pisos turísticos no tienen la culpa de todo pero han expulsado a mucha gente del Centro, han aumentado el precio de los alquileres, han transformado el paisaje y el tipo de negocios y puede que mataran a Manolete en una mala tarde, que no la tiene cualquiera. Son datos obejtivos.

A partir de ahora, deberán tener entrada independiente, para que el honrado ferretero, la castiza enfermera o el sufrido Juan Málaga, cuando salgan madrugadores a sus trabajos y afanes, no tenga que toparse con el cartero de Manchester, ebrio, que está pasando aquí una semanita y que va a subirse al piso a una compatriota con la que ha confraternizado en uno de las decenas de pubs franquiciados que imitan el ambiente irlandés. O galés, incluso.

Con lo cual, obras habemus en un sinfín de locales, edificios y portales. Y más protestas. El alcalde quiere frenar los pisos turísticos pero hay argumentos legales en contra y hay reticencias. Podrían darse incluso cambios en el PGOU. A mí el PGOU, pegou, siempre me ha parecido un arcano, un jeroglífico incomprensible que solo comprenden los políticos que comprenden a los técniicos de Urbanismo, que a su vez han comprendido que hay que hacer lo que dice el político.

Urge frenar los pisos turísticos. En nuestra ciudad, no en las demás, que cuando viajamos queremos alojarnos en uno. Anda que no los hay molones en Marsella y Londres, en Madrid o Barcelona. En Nueva York o Lisboa, etc. Echo de menos una ciudad que se llame etcétera.

No sabemos cómo acabará todo esto (bueno, sí, que nos moriremos de éxito) en Málaga, pero lo importante es que la a veces elefantiásica maquinaria municipal ha despertado, ha reaccionado. Se dispone a actuar. No se sabe si empezando por hacer entradas independientes para los pisos turísticos o más bien empezando la casa por el tejado.