Opinión | Málaga solidaria

Las personas no son el problema

Hoy vamos a rendir homenaje a mujeres, hombres, niños y niñas que de manera forzada abandonaron sus hogares y comenzaron una nueva vida

Niños palestinos en el campo de refugiados de Bureij, en la Franja de Gaza

Niños palestinos en el campo de refugiados de Bureij, en la Franja de Gaza / Europa Press

Las personas no son el problema sino las causas que las empujan a cruzar fronteras y las formas miopes y poco realistas en que responden las acciones políticas ante ellas. Son muchas las razones por las que la gente trata de reconstruir su vida en otro país, por ejemplo, el cambio climático tiene un gran impacto en la vida de la gente, las sequías, las inundaciones o la desertificación que arruinan cosechas, agravan las consecuencias de la guerra y obligan a miles de personas en todo el mundo a abandonar sus hogares, convirtiéndose en personas desplazadas por razones climáticas.

Estos viajes empiezan con la esperanza de construir un futuro mejor, pero también pueden estar plagados de peligros y de temores, corren el riesgo de ser víctimas de trata y de otras formas de explotación, algunas son detenidas por las autoridades en cuanto llegan a otro país o cuando están adaptándose a su nueva vida, muchas sufren el racismo, la xenofobia y la discriminación. Hoy vamos a rendir homenaje a mujeres, hombres, niños y niñas que de manera forzada abandonaron sus hogares y comenzaron una nueva vida en otro punto del planeta, las personas refugiadas.

Todas ellas han traído consigo planes llenos de esperanza y sobre todo el ideal de reconstruir sus vidas aportando entre otras, mucha creatividad, vamos a mantener el objetivo principal que nos une, o debería unirnos, el de promover los derechos humanos y mantener la cadena de relaciones y beneficios que sin duda construyen sociedades inclusivas, respetuosas y más pacíficas. Por supuesto que no todo conlleva una consecuencia negativa, ahora hablemos de las relaciones entre el sector empresarial, las personas refugiadas y la inclusión socio económica, que no solo provoca impacto en sus vidas, sino en la de la empresa en la que colaboran y el país que las acoge, este dato parece siempre necesario de recordar porque de ese modo rompemos una lanza a favor de ellas.

Contar con la comunidad empresarial es importante porque pueden ayudar a las personas refugiadas a integrarse, facilitando acceso al mercado laboral, brindan oportunidades a las personas refugiadas y fortalecen sus equipos con nuevo talento, mejoran la imagen y contribuyen a mitigar el riesgo de que estas personas terminen en situaciones de trabajo irregular.

Las personas refugiadas traen consigo y aportan mucho más que sus credenciales académicas o experiencia laboral, como hemos contado aportan capital humano que potencia y mejora la sociedad del lugar donde se encuentran y por otro lado a través del desarrollo sostenible en las prácticas corporativas y comerciales encuentran otro refugio en forma de oportunidad laboral, totalmente necesario para el pleno desarrollo de su plan vital junto con la de sus familias.

El 20 de junio, fue establecido por Naciones Unidas como el Día Mundial de las Personas Refugiadas. Estas personas no son el problema.

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