Opinión | Ver, oír y gritar

No se acabó la mascletá de la intolerancia

El nivel de tensión y de brocha gorda existente en la vida política es inasumible y no se corresponde con la próspera realidad de nuestro país

No parece que tenga intención, pero cabe la posibilidad de que el presidente Pedro Sánchez anuncie un adelanto de las elecciones generales para el próximo otoño. Si cree que la actual legislatura está amortizada lo hará con bombos y platillos. En esa estación del año caen las hojas. Él podría renacer y acaparar los votos que quedan de Sumar y Podemos, como forma de aprovechar las debilidades ajenas. Y formar un Gobierno en solitario apoyándose en los grupos nacionalistas. No es probable si nos atenemos a lo anunciado tras la contienda electoral europea, donde los socialistas han mantenido el tipo dignamente. La incierta situación en Cataluña con Salvador Illa, ganador de los comicios catalanes, puede afectar negativamente al devenir del Ejecutivo de coalición.

¿Qué moviliza más a la población, agitar sentimientos o ideas? La regeneración democrática es necesaria si se quiere que haya una calidad de la que hoy se carece por la tan anunciada «máquina del fango». Unos la vienen promoviendo, pensando en sus réditos políticos, y huyen hacia el frente haciendo responsables a quienes les salpica. Razón poderosa para ser un muro de contención ante la ola derechista, promotora de golpes de Estado encubiertos, y estimular la movilización de la mayoría social a quien van destinadas medidas en su beneficio. Que contrarreste la que promueve Aznar.

Lo cierto es que el ciclo electoral concluye y Sánchez irá tomando decisiones que le permitan recuperar la iniciativa. Entra otras cuestiones, está la renovación del Poder Judicial después de más de dos mil días con la fecha de caducidad superada. Si la ley actual obliga a que el PSOE y el PP se pongan de acuerdo y no se ponen por culpa de los intereses de Génova, 13, habrá que llevar una reforma al Congreso, transparente y no politizada, para renovarlo de una vez.

El nivel de tensión y de brocha gorda existente en la vida política es inasumible y no se corresponde con la próspera realidad de nuestro país, circunstancia que debe empujar a seguir más aún en esa línea de mejoras ciudadanas. ¿Con el bipartidismo y sin una mayor y legítima diversidad de opciones se vivía mejor? Así, la aprobación de leyes puede verse afectada y la situación impide las grandes reformas que pueden hacer falta para adecuar la Constitución a las necesidades actuales y a la realidad del siglo XXI.

A propósito de la regeneración indicada, se necesita la participación de los dos principales partidos, a pesar de que las maniobras del PP contribuyan, de abultada manera, a ensuciar el paisaje. Defienden el Estado de derecho y el orden constitucional los que los desprecian día a día. Lamentan la propuesta de «financiación singular» catalana y, sin embargo, la defendieron en 2012. Primero tendría que regenerarse ese grupo. Y acto seguido sería necesario proteger el sistema ante el avance generalizado de la ultraderecha. Hoy no es muy previsible que ambas fuerzas disminuyan sus hostilidades, pero sería lo más sensato. Templanza y capacidad. No porque las consecuencias económicas y sociales sean malas, aunque siempre deben ir a mejor.

«El que pueda hacer, que haga», solicitó el oscuro expresidente Aznar el pasado mes de noviembre, y eso es lo que ocurre respecto al fango reinante que intenta asaltar el poder. Feijóo, junto a Vox y en connivencia con las presuntas irregularidades del juez Peinado, habla de «la corrupción de la Moncloa» en lo referido al asunto de la esposa de Sánchez, que se apoya en bulos del pseudoperiodismo, al margen del pulcro informe de la Guardia Civil. La lucha contra la desinformación es otra asignatura pendiente que habría que aprobar. Lo que no puede ser es que algunos poderes políticos, mediáticos y judiciales pretendan acabar con la legislatura. Vienen ejerciendo la guerra sucia contra los «enemigos», y esto exige que todas las sombras sean neutralizadas. Legalmente.

Hablábamos del avance del «viva la fiesta» antidemocrática de la ultraderecha, que lleva cinco años de ofensiva en Europa contra la agenda verde, los migrantes y los trabajadores. La UE se enfrenta a este tipo de conducta que no puede impedir la lucha en favor de la igualdad de género y el respeto a los derechos laborales y humanos en general. Baja puntos, si bien el papel de una izquierda transformadora, no acomodada en el asiento y que necesita una reconstrucción, es de vital importancia si se quiere avanzar. Intervención de los precios del alquiler, una ley de medios o rechazo al consenso bélico. En definitiva, ser útil para esa mejora de los ciudadanos. A eso se le denomina, por parte del conservadurismo más feroz, «políticas erróneas y extremistas». Normal. Algunos solo están al servicio de la intolerancia. De la flor y nata.

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