Opinión | Tribuna

Amortización a corto plazo

La vicesecretaria general del PSOE y vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, ejerce su derecho al voto este 9J.

La vicesecretaria general del PSOE y vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, ejerce su derecho al voto este 9J. / JOAQUÍN CORCHERO/EUROPA PRESS

Juan Espadas va camino de terminar su mandato en el PSOE andaluz. No por nada, sino porque parece que está dejando de ser útil. De los ocho secretarios generales provinciales, los que él nombró como más cercanos son los que menos están funcionando. La expectativa de renovación y eficacia se ha diluido, y Espadas se enfrenta a una creciente falta de confianza dentro del partido y lo que es peor… los críticos han abierto la boca y tienen poco interés en dejar pasar esta oportunidad de ver pasar por delante a un líder al que consideran amortizado ante los resultados electorales. Espadas no ha resistido a la maquinaria de la actual Junta de Andalucía.

El plan renove pasa por quitar a Espadas, quemado sin haberse arrimado al ascua, y poner a alguien más sanchista. Y, claro, la pregunta es obvia: ¿hay alguien más sanchista que Espadas? Es imposible. Espadas ha recibido y recibe las órdenes directas de Moncloa, perdón de Ferraz, y acata obedece y ejecuta. Si la búsqueda es la de un perfil más sanchista, está claro: es el momento de dejar a Espadas en el concesionario y coger otro coche con más kilómetros políticos: María Jesús Montero.

Amortizado Espadas, con poco o nada que celebrar en su fugaz sustitución susanista, la llegada de la corte de Montero empieza a sonar. Como todo, de un tiempo a esta parte, llega desde allende Despeñaperros. El PSOE-A, antaño autónomo, hoy sobrevive atado de pies y manos a los designios de la sede nacional. Esta dependencia marca un cambio de época en la política andaluza, reflejando una pérdida de identidad y autonomía que se ha traducido, más o menos de forma clara, en las consecutivas derrotas.

Mientras en el PSOE-A, quienes auparon en su día a Espadas entre palmas y olivos, hoy lo niegan y lo entregan a la voz común de: «Juan, o eres tú o somos nosotros». Hay que entenderlos, claro. La traición y el descontento se han instalado en las filas del partido, donde las alianzas se deshacen tan rápido como se forman. El apoyo fervoroso de antaño se ha convertido en un clamor por su salida, evidenciando lo voluble de la lealtad política ora en un lado ora en el otro.

Si Montero quiere salir victoriosa en algún momento, su llegada a Andalucía tendrá que ser en un contexto positivo para el Gobierno de Sánchez. ¿Cómo recibiría Andalucía a la ministra que podría permitir que Cataluña se convierta en una comunidad privilegiada a costa de la infrafinanciación de otras? ¿Cómo recibiría Andalucía a la ministra que tuvo que poner en marcha de nuevo las reglas fiscales de la UE? ¿Cómo recibiría Andalucía a la ministra que ha tenido que gobernar sin presupuestos en 2024? Preguntas que exigen importantes desafíos para quemar naves importantes. María Jesús Montero no es cualquiera como para exponer su perfil a un ciclo derrotista con pocos visos de remontar.