Opinión | Viento fresco

Índice de precios al espeto (IPE)

El precio de las sardinas es un indicativo del coste de la vida. Tal vez la inflación sea meterle una sardina menos. Toda una falta de espeto

Espetos en un chiringuito de Málaga

Espetos en un chiringuito de Málaga

Se habla mucho del Índice de Precios al Consumo, el IPC, pero yo prefiero el Índice de Precios al Espeto, el IPE, que da también una medida real del aumento del coste de la vida (y de los placeres). Ese sí que es un indicativo.

La buena marcha de la economía es poder comerte dos espetos, cada sardina con su golpecito de vino, como aconsejaba Julio Camba en ‘La casa de Lúculo’, sin un quebranto serio al bolsillo. Antes te comías un espeto por cinco euros y ahora como te descuides te cascan diez y hasta quince.

-Oiga, antes, ¿cuándo?

Igual que los restaurantes tienen estrellas Michelin, los chiringuitos podrían tener sardinas. He ido a comer a un chiringuito con tres sardinas y ha sido maravilloso, y en ese plan.

Málaga es pujante en la innovación pero su principal producto viene de la sabiduría de siglos: pescar sardinas, espetarlas, asarlas y a hinchar la tripa con ácidos omega saludables, sabor inconfundible y la brisa marina dándote en la frente. Después ya, según los gustos, viene la siesta, el gin tónic o la lectura en butaca de una antología de la poesía moderna. Los espetos son ahora como las gildas. Quiero decir, de producto local (las gildas en el País Vasco) a producto extendido a toda España. No espetan en Teruel, claro, pero saben lo que es un espeto. Sin que la frase no tenga excesiva fe en el conocimiento culinario del país.

Dentro de unos años no existirán muchos oficios actuales, los sustituirá la Inteligencia Artificial. Otras nuevas ocupaciones que ni imaginamos llegarán. Pero el espetismo resiste y se hacen cursos de espetero y la Inteligencia Artificial, que nunca probará un espeto, puede quedar colapsada sin entender el placer que produce el sardineo.

El precio de los espetos va in crescendo de Este a Oeste, con sus excepciones, o sea, puede ser más barato en Torre del Mar que en Málaga, donde ya todo es carísimo; pero son más caros en Marbella que en la capital. Las gildas y otros productos admiten innovaciones (ya las hay con boquerón en vinagre e incluso con un trozo de concha fina) pero la única innovación que admite el espeto es que te lo sirvan en un chiringuito pulcro y lujoso en lugar de en un clásico merendero con sus mesas en la arena el techo de cañizo y las servilletas de papel. Lo cual por cierto tenía muchísimo encanto. La inflación es meterle una sardina menos al espeto. O sea, una clara falta de espeto.