Opinión | Viento fresco

Muertes virtuales

Las redes propagan la muerte de un célebre lingüista y éste tiene el privilegio de leer qué dicen los demás sobre él. O sea, un placer con sinsabores

Noam Chomsky, lingüista y ahora tendencia en X.

Noam Chomsky, lingüista y ahora tendencia en X. / L. O.

«El periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo». La famosa cita de Chesterton puede parafrasearse estos días: el periodismo es decirle a la gente que Chomsky ha muerto cuando Chomsky está vivito e incluso coleando.

La noticia del fallecimiento del legendario estudioso del lenguaje, que revolucionó el panorama en los años cincuenta, corrió rauda por las redes sociales, se hizo tendencia, viral, y hasta varios medios publicaron obituarios. Uno de ellos firmado por Varufakis, el antaño célebre ministro de Economía griego. Imagino a Chomsky, 95 años, que en realidad se recupera de un ictus y que según su esposa está bien, leyendo los obituarios, los escupitajos de odio, las alabanzas y ditirambos, las loas o envidias. Y analizando el tipo de lenguaje en el que están escritos. Un privilegio. Un privilegio asistir a la reacción de tu propia muerte. A lo mejor ha anotado los silencios ominosos, las puyitas, el articulín de un oscuro discípulo resentido en un periodiquín de un condado perdido. Nuestro protagonista, que tras muchas años de docencia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) se enroló en una Universidad de Arizona, fue dado de alta en un hospital de Sao Paulo según un parte médico oficial.

A uno le llama poderosamente la atención que Chomsky ocupara miles de tuits en X, creyéndolo conocido pero no tan famoso. Es ignorancia del cronista, sí, que sin embargo se familiarizó con su nombre hace décadas, en la Facultad, donde se le estudiaba y revisaba ya casi como un clásico.

A estas alturas del artículo uno no tiene claro si quiere alegrarse porque Chomsky no haya abandonado este mundo, que también, o hacer autocrítica del periodismo, cuya virtud ahora parece ser la prisa y no el rigor. O a lo mejor lo que queremos resaltar es que tal vez, ahora el lingüista tome lo que le quede de vida como una propina o broma, como una burla o gracia del destino.

Una de las mejores cosas de la vida es no saber cuándo, qué día va a morir uno, pero la deidad no había previsto que ahora te pueden matar virtualmente. Una simple búsqueda en Google, dónde si no, da cuenta de noticias erróneas sobre muertes: la de José Luis Perales, en agosto de 2023, fecha en la que el pobre cantaría eso de pregúntale por qué ha robado un trozo de mi vida...

También la de Benedicto XVI, en julio de 2022, aunque lo de matar papas, virtual o realmente, es una moda que no decae, por mucho que fuera una práctica más extendida en la Edad Media. Afirmación por cierto que no deben descartar que sea un bulo.