Opinión | Viento fresco

Malaguismo

El fútbol era el talón de Aquiles de la autoestima de Málaga. A la ciudad de Google, el emprendimiento, los museos, el Unicaja y la efervescencia le faltaba un mejor balompié

La afición, entregada.

La afición, entregada. / Gregorio Marrero

Toda Málaga en la calle el domingo. Un mar de camisetas blanquiazules, una colección de ilusiones, una multitud soñadora, una ciudad henchida, eufórica, cantarina y alegre. El fútbol era el talón de Aquiles de la autoestima de Málaga. La ciudad soñada, pujante, vibrante, emprendedora, tecnológica, la ciudad de moda, del Unicaja y el Picasso, el Pompidou y la Alcazaba, los buenos restaurantes, Google y los espetos, tenía una asignatura pendiente desde hacía años: el fútbol.

Ahora ya tenemos un equipo en la mediocridad de Segunda y no en el fango del fútbol no profesional. Solo cabe mejorar. El impulso necesario hacia la élite vino el otro día en Tarragona, donde unos impresentables trataron de perder tiempo, boicotear, anular al Málaga y ganar por métodos fulleros lo que no podían conquistar en el terreno de juego en buena lid. Asco.

Los sofás de Málaga fueron testigos de cientos y cientos de microinfartos en el momento en el que bendito Antoñito metió un gol para la historia. Para los restos, para los anales. Es curioso que los anales no remita a ir de culo. El Málaga va como un tiro. Bien dado. Quizás la política de la humildad y la cantera será la necesaria y justa y la que dé resultados. Pellicer siempre apela a los detalles. El hombre grande repara en los detalles pero el grande de verdad no habla solo de lo pequeño. Viva Pellicer. Hay que fichar pero también fichar a esta ilusión, a esta grandeza de ánimo.

Nos miran desde arriba, desde abajo o desde su casa Viberti, Migueli, Juanito, Aráez, Muñoz Pérez, el boquerón Esteban, Isco y hasta todas sus castas y las nuestras que se acuerdan de los buenos tiempos. Toda Málaga el domingo en la calle boqueronada, blanquiazulada, eufórica y como si los domingos por la tarde fueran lo mejor del mundo.

El fútbol es la más importante de las cosas no importantes o la menos importantes de las cosas importantes, ya saben que la frase hizo fortuna y que su autoría se la disputan varios filósofos, Menotti, Arrigo Sacchi, Helenio Herrera, Valdano y hasta Cruyff, al que uno vio en la Rosaleda hace ya muchos años, dirigiendo a esa Barcelona de ensueño que resultó una pesadilla para el Málaga. Se entrecruzan recuerdos y emociones, el malaguismo estaba latente y ayer, y anteayer, despertó, rugió y se puso en jarras para dar guerra y goles, balonazos y meneos. Qué buen título Balonazos y meneos para una sección. Una sección desde la que se narre el ascenso moral, deportivo, ético, de una ciudad y su equipo. Que ahora comienza de verdad. Vamos a Primera y vamos ya.