Opinión | Mirando al abismo

Envejecer y los dolores

El problema está en que el tiempo sigue pasando y nuestra biología envejece. Nos duele la rodilla, el cuello, la espalda, la cabeza, y no entendemos por qué

El paso del tiempo es una cosa que, a los seres humanos, nos resulta muy difícil de medir. Uno de los motivos por los que nos cuesta asumir que el tiempo pasa es que nos hacemos una imagen de nosotros mismos, por ejemplo, a los veinte, y ya no nos volvemos a ver con claridad nunca más. Nos quedamos con esa versión de nuestro ser que nunca se cansaba, que podía con todo y que era en ciertos aspectos invencible.

El problema está en que el tiempo sigue pasando y nuestra biología envejece. Nos duele la rodilla, el cuello, la espalda, la cabeza, y no entendemos por qué. No quiero decir con esto que los dolores sean solo patrimonio de la vejez, pero sí que cuando llega tardamos mucho más en recuperarnos y el dolor pasa de ser un conocido que ves de cuando en cuando, a ser un viejo amigo al que conoces muy bien y que sabe todos tus secretos. Para librarnos del dolor recurrimos, bajo recetas médica, a diversos medicamentos que nos fastidian el estómago, nos duermen, nos atonta y, en ocasiones, no acaban con el problema. Es entonces cuando recurrimos a los fisioterapeutas. Además, esto de los fisioterapeutas es muy curioso porque una vez que vas a uno, por cualquier lesión, ya se convierte en tu fisioterapeuta de confianza y solo quieres que te mire él. Pero lo que yo quería decir es que ahora te ves gastando dinero en pastillas y en fisioterapia por algo que antes se pasaba solo, tras pasar un ratito sin hacer mucho.

Envejecer es ante todo un reajuste entre el mundo y nosotros. Haciendo uso de un experimento mental que se propone en ‘Filosofía de la Acción y la Racionalidad Práctica’, podremos entender en qué consiste este reajuste. Una mujer cree que su marido hace la compra erróneamente a propósito, por lo que contrata a un detective para que lo siga por el supermercado y compruebe si lo que pone en la lista es lo que el marido escoge. La lista es el mundo, por lo que todo lo que no se corresponde con ella puede no ser real. Es nuestro caso nuestros dolores y el tiempo de recuperación se contradicen a la imagen mental que hemos hecho de nosotros mismos. Por eso tenemos que reajustarnos y contraponer nuestra verdadera identidad a la ilusión que creamos en nuestra mente. Romper esa falsa imagen (falsa porque ya no se corresponde a quienes somos) es fundamental para que veamos en quién nos hemos convertido. Que envejecer no es más que un proceso biológico que va ocurriendo en pequeñas dosis, que no nos queda más remedio que aceptar que nuestro cuerpo se desgasta, que tardamos más en hacer las cosas y que siempre nos duele algo al levantarnos de la cama.