Opinión | Viento fresco

El día menos pensado

Una conversación cazada al azar por el cronista proporciona reflexión para toda la jornada. Y asunto para la columna

Mercado de Atarazanas

Mercado de Atarazanas / G. Marrero

«Me he hecho un seguro de esos que si te mueres te pagan la hipoteca», le dice un señor en bermudas y camisa a cuadros a otro, de elegante polo azul, en la puerta de la cafetería Los Pueblos, casi frente al mercado de Atarazanas.

Sale uno con el nunca bien ponderado beneficio que al cuerpo proporciona el mitad doble y el pitufo a la catalana y se adentra en el trasiego de la zona no sin abandonar el pensamiento sobre ese seguro y ese señor tan previsor que no quiere dejar tras de sí, en el momento del jamacuco, una deuda a nadie.

Eso sí que es hablar de la muerte con naturalidad, con el pedazo de día que hace para vivir, aún no terral, julio en plenitud, ambientazo en la calle y un inopinado bienestar como de día festivo. Pasa una chica en bikini. Saludo a un concejal. Dos señoras dejan que sus respectivos perros se saluden entre sí sin saludarse ellas.

«Me he hecho un seguro de esos que si te mueres te pagan la hipoteca». La frase, pronunciada a las 10.21 de la mañana me retumba en la cabeza y lamento no haberme hecho un poco el remolón para escuchar la respuesta del otro. Tal vez una respuesta a lo Séneca, humoristica, resignada, de complicidad o reprobatoria. Uno tiene que quedarse aliviado tras firmar un seguro de esos e incluso una mente sublimemente traviesa puede planear firmar, cascarla y dejar al banco colgado financiando la hipoteca a un heredero o hijo del firmante.

La única hipoteca que llevo yo ahora es la de la camisa de manga larga, no acertada elección. Mirando viandantes calculo a ojímetro quienes tienen hipoteca y quienes no, quienes tendrán vivienda en propiedad y quienes vivirán de alquiler o con sus padres. La mayoría son turistas. No importa ya en el centro de qué ciudad española pronuncie esa frase. Alguno a lo mejor se ha bajado de un crucero y esta noche duerma cerca de un ojo de buey mirando el Mediterráneo y leyendo a un poeta famoso apurando un mojito. Hay quienes se hipotecan para afrontar un crucero o vivir la Feria o los Sanfermines o la Semana Grande de su pueblo. Tendría que haber hipotecas para las fiestas, un seguro que te cubra las deudas en el bar en caso de cascarla durante la semana festiva y que así tus descendientes no tengan que pagar la pechá de ronda de gambas y cañas que has dejado a deber. Los bancos, tan atentos a inventar productos financieros seguro que tienen pensado ya algo de eso. Lo mismo cualquier jornada de estas se la ofrecen. Con una de esas llamadas intempestivas a las tres de la tarde. El día menos pensado.