Opinión

Nadie le va a poner el cascabel al gato

Un ensayo de la OFM

Un ensayo de la OFM / L.O.

A las 11.14 de esta la mañana, miércoles, 10 de julio del 2024, ha llegado a las bandejas de entrada de los emails de los medios de comunicación un correo electrónico remitido por la Orquesta Filarmónica de Málaga con el siguiente asunto: «Nota de prensa Temporada 2024-2025 de la OFM». Sí, increíblemente, la OFM ha remitido, sin presentación para la prensa, sin una convocatoria pública, su listado de conciertos, invitados y ciclos para los próximos meses. Queda más que claro, por si algún observador de la cosa clásica malagueña no se había dado cuenta después de tantos años: aquí nadie le va a poner el cascabel al gato.

En junio el gerente del conjunto, Juan Carlos Ramírez, no pudo resistir el enésimo envite de los músicos, que llevaban años en lucha abierta contra el administrador, y puso fin a un dicho monterrossiano muy conocido en el pequeño ámbito de la escena clásica boquerona: «Cuando Beethoven estrenó La Novena, Juan Carlos Ramírez todavía estaba aquí». Lo cierto es que resultaba ya muy difícil explicar cómo una orquesta que nació con 95 instrumentistas contaba ahora sólo con 59 y que prácticas controvertidas, cuando no directamente irregularidades laborales (incluidos fraudes a la Seguridad Social), podía continuar el mismo rumbo.

Pero este email del que nos ocupamos no permite vislumbrar una nueva partitura para la OFM. Nadie en el Consorcio Orquesta Ciudad de Málaga, participado al 50 por ciento por el Ayuntamiento de la capital y la Junta de Andalucía, quiere dar un paso al frente, coger el timón y capitanear la transición de un conjunto que debe buscar más ambiciosos objetivos que completar como sea las actividades habituales, las de siempre. Nadie quiere salir de la penumbra para responder a las preguntas, muchas, que hay por responder. Es mucho más cómodo enviar una comunicación electrónica, cumplir expediente. Mientras tanto, tenemos a una orquesta, que debe y puede optar al primer nivel, languideciendo entre cobardías, guardar la suciedad debajo de la alfombra para que se note y la indolencia del que ni sabe ni tampoco le apetece demasiado saber.