Opinión | Artículos de broma

Viaje en cayuco y en Instagram

En términos ideológicos uno de derechas no dice de otro que «no es de derechas». Cuestionará su sinceridad, pero no su derechismo

El portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, durante una rueda de prensa en el Congreso

El portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, durante una rueda de prensa en el Congreso / Marta Fernández Jara (EP)

La derecha se derechiza sola. Lo vemos sucesivamente. El viaje de los cayucos a Canarias no está poniendo la emigración en el centro del debate de la derecha tanto como el de Alvise Pérez a Bruselas. Alvise convirtió sus seguidores de las redes sociales (880.000 en Instagram) en votantes de las europeas (800.763 papeletas) y empezó la fiesta: Vox amenazó al PP con romper sus gobiernos compartidos si las comunidades autónomas aceptaban inmigrantes menores de los que se apelotonan en Canarias y el PP mandó ladrar a Miguel Tellado la inconmensurable gilipollez de mandar la Armada a los países de zarpa para salvar a los migrantes de sí mismos, dejándolos en la zarpas del hambre o de la guerra de sus lugares de procedencia.

La derecha y la izquierda se dividen conforme se alejan del centro por criterios diferentes. La valoración de izquierdismo es cualitativa y la del derechismo, cuantitativa. Para un trostkista, un estalinista no es de izquierdas; para un comunista, un socialista no es de izquierdas... La diferencia niega la esencia. Un izquierdista desacredita a otros diciendo que «no es de izquierdas». El instrumento para medir el izquierdismo es un test de paternidad: o eres o no eres.

En términos ideológicos uno de derechas no dice de otro que «no es de derechas». Cuestionará su sinceridad, pero no su derechismo. No se oye de un democristiano a un fascista ni viceversa. El criterio es cuantitativo: se es «muy de derechas» o «poco de derechas». La carrera al extremo la corren personas que son reconocidas como «las más fachas» incluso por ellos mismos. La limitación es el ámbito: «el más facha de Madrid» (o de Oviedo, Valencia, Málaga, España)». El instrumento para medir el derechismo es el termómetro. Al facha no le gusta la tibieza (la temperatura media, que lleva al centro). En la carrera del más, Giorgia Meloni, la primera ministra italiana facha, se está quedando sola en Europa por insuficiencia extremista.

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