Opinión | El ojo crítico
Europa gira a la izquierda
La victoria del partido laborista en Reino Unido poniendo fin a 14 años de gobierno del partido conservador sí que ha sido, en cambio, algo esperado

El nuevo primer ministro británico, Keir Starmer. / EFE
La inesperada derrota de la ultraderecha francesa en las elecciones legislativas celebradas en Francia hace unos días supone una excelente noticia para el propio país galo y para el futuro inmediato de la Unión Europea. Si alguien pensó que los resultados de las recientes elecciones europeas podrían extrapolarse al ámbito interno, se equivocó de plano. A pesar de la importancia que tienen las decisiones europeas en nuestra vida diaria, las elecciones al Parlamento Europeo son tomadas en ocasiones, y en determinados países, como un modo de ejercer el voto protesta sin saber bien qué consecuencias puede tener. En España tenemos tradición en este voto antisistema y contrademocrático en las elecciones europeas. Recordemos que José María Ruiz Mateos consiguió acta de parlamentario europeo en la tercera legislatura y que también lo ha conseguido hace poco el ultraderechista Alvise Pérez, un lunático surgido en el submundo de internet. Se las deseaba Le Pen y sus acólitos en las legislativas y ya se veían dirigiendo Francia con el presidente Macron como rehén de sus políticas racistas y ultraconservadoras. Sin embargo, una vez más, la ciudadanía ha dado una lección de democracia a la ultraderecha y la movilización popular ha relegado a la tercera posición al partido de Le Pen.
La victoria del partido laborista en Reino Unido poniendo fin a 14 años de gobierno del partido conservador sí que ha sido, en cambio, algo esperado. El desastre en el que han sumido al Reino Unido los Tories costará superarlo varias generaciones. Los propios ingleses llaman a su país Broken Britain porque es un país en el que nada funciona tras décadas de privatizaciones y de hablar mal del sistema público en su conjunto como algo deplorable. La sanidad pública inglesa dejó de tener estándares europeos hace más de cuarenta años. Más bien habría que hablar de una sanidad mecanizada en el mejor de los casos. Los transportes públicos, trenes y autobuses, privatizados en su totalidad, ademas de tener precios prohibitivos sufren retrasos de manera constante. Cualquiera que haya conducido por las carreteras inglesas, como es mi caso, conoce el cuidado con el que hay que hacerlo. Cuando se dejan las autovías, un enjambre de carreteras secundarias mal cuidadas y llenas de baches esperan al conductor. A todo ello hay que sumar el desastre del Brexit y la salida del Reino Unido de la UE que ha conllevado una catarata de complicaciones para la vida diaria de los ingleses; problemas para viajar al resto de países europeos, mil y un trámites para que las mercancías puedan cruzar la frontera de ida y de vuelta además de dejar de formar parte de tratados en materia económica de los que disfrutaba siendo miembro de la Unión Europea. El nuevo primer ministro inglés, Keir Starmer, hizo campaña en su día en contra de la salida del Reino Unido de Unión Europea, una salida que ha acentuado el descalabro de gestión conservadora.
Lo más parecido al modelo económico y social que ha desmembrado el Reino Unido lo encontramos en España en las comunidades autónomas dirigidas por el PP. De manera especial en la Comunidad de Madrid, donde la presión social ha impedido la privatización total de la sanidad, de los transportes públicos y de la gestión de servicios públicos. Cuántos años llevamos escuchando la bobada esa de que «donde mejor está el dinero es en los bolsillos de los ciudadanos», frase por excelencia del ultraliberalismo que ha hundido al Reino Unido.
Con estas dos victorias de la izquierda, tres de los países más importantes de Europa van a estar dirigidos por gobiernos de izquierda. España, Reino Unido y Francia pueden formar un triunvirato de los derechos sociales, del desarrollo de la libertades individuales, de defensa del colectivo LGTBI y de políticas medioambientales que moderen los efectos del cambio climático. Resulta fundamental que la izquierda en Europa no tenga miedo a aplicar políticas de izquierda. Margaret Thatcher, tras la victoria de Tony Blair, dijo que su mejor legado había sido dejar a Blair dirigiendo el país en nombre del laborismo. En España, las plañideras mediáticas de la derecha llevan pronosticando el desastre de España desde que Pedro Sánchez es presidente. Sin embargo, la economía crece más de lo esperado todos los años, el desempleo está más bajo que nunca, y los afiliados a la Seguridad Social, cerca de los 22 millones.
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