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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

A vivir, que son 83 años

Aumenta la esperanza de vida. Los niños que nazcan ahora tal vez vivan 120 años. Si es que pueden pagar un alquiler o si no se estrellan en una nave espacial

A vivir, que son 83 años

A vivir, que son 83 años

La esperanza de vida en la provincia de Málaga es de 83 años. Decía el maestro Manuel Alcántara que lo malo de vivir más es que se es viejo más tiempo. La vida se alarga por el final, claro. Pero quién no quiere. La alternativa no se contempla.

La esperanza de vida ha subido más de diez años en unas décadas. Nuestros padres la diñaban a los setenta y tantos, nuestros abuelos a los setenta y nosotros podemos, a poco que nos cuidemos y que tengamos algo de suerte, llegar a los ochenta. La cosa es cómo. Vivir es un deporte de riesgo que estamos obligados a practicar. Tal vez un niño que nazca ahora viva 120 años, si es que encuentra un piso a un precio razonable. Si es que la Inteligencia Artificial no se lo carga, si no muere en un accidente de nave espacial. Los setenta son los nuevos sesenta y los cincuenta son los nuevos cuarenta. Los de treinta son como niños. No seguimos, porque los ochenta son los ochenta y si no que se lo digan a Joe Biden. Por fortuna, todos conocemos a octogenarios en plena forma. Manuel Chaves casi lo es, 79, y en la rueda de prensa que dio el otro día, hace mucho deporte, se le vio en forma. A lo mejor el secreto de su (buena) longevidad es haberse apartado de la política. Lo mismo lo de los ERE le ha beneficiado. Si llega a seguir de presidente de la Junta, a lo mejor hubiera muerto de aburrimiento, no había quién le ganara unas elecciones. Hay quien prefiere vivir bien a vivir más, pero la mayoría lo dicen de boquilla a no ser que el mal padecido sea cruel y gravísimo.

La ventaja de los que no hemos hecho nunca mucho deporte es que no podemos echar de menos sentirnos como a los veinte. A los veinte hacíamos lo mismo: andar mucho a diario pero sin excesos atléticos, balompedísticos o maratonianos. Siempre me han gustado mucho esas entrevistas a nonagenarios o centenarios a los que se les pregunta cuál es su secreto. No tienen ni idea, claro, pero responden cosas como desayunar almendras, tomar miel de madrugada, coleccionar galápagos.

Si yo pusiera pasión en todo lo que hago no llegaría a la noche. Con tanta tarea, profesional, doméstica, social, acabaría abrasado, acelerado, taquicárdico y muerto de pasión. Conviene vivir la vida como viene, día a día, sin esperar mucho. «Olvídese de cumplir años y empiece a cumplir sueños», te dicen algunos psicólogos Es cuando cumplen una edad cuando de verdad esos psicólogos comienzan a entenderte y dejan de decir cursilerías como de revista de sala de espera del dentista. Nadie es tan joven como para no poder morir ni tan viejo como para no poder vivir un día más, decían en La celestina. Tal vez la escribió un vividor.

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