Opinión | Palabras gruesas
Un plan de desarrollo
Los ministros de Franco que trataron de revertir la mala situación económica, luego se traviestieron de demócratas. No engañaban a nadie

Laureano López Rodó y Manuel Fraga en la inauguración de una exposición en 1968. / La Opinión
En la película Verano del 70 (Pedro Lazaga, 1969) tres hombres de mediana edad se encuentran sentados en la orilla hablando entre ellos cuando dos extranjeras con apariencia de nórdicas pasan a su lado caminando. Los tres las miran fijamente hasta que uno de ellos, interpretado por el actor José Sazatornil, no puede evitar decir en voz alta ¡viva el segundo Plan de Desarrollo!.
Se refería en bueno de ‘Saza’ al segundo de los tres planes de desarrollo de la economía española que la dictadura franquista puso en marcha partir de 1956 para evitar la debacle económica a la que España se dirigía en los años 50 debido la autarquía y el aislacionismo impuesto por Franco tras la Guerra Civil española, que entre otros aspectos buscaba tener sometida a la sociedad española a base de que pasara hambre. El objetivo inmediato del primer Plan de Desarrollo (1956) fue convertir una economía cuartelaria en otra lo más parecida posible a la que se estaba llevando a cabo en países como Francia con la ayuda de las instituciones bancarias y financieras mundiales y así como de EEUU para con ello transformar la dictadura en un régimen que promoviera el desarrollo económico y social para así obtener el beneplácito de una sociedad poco interesada, pensaba el régimen, en la política. Es decir, convertir el franquismo en una dictadura eficaz que promoviese el desarrollismo económico y la eficacia administrativa y conseguir el ansiado sueño de todo franquista: que la dictadura continuase tras la muerte de Franco en forma de monarquía controladora y sin partidos políticos.
Por ello creo que es de gran interés el ensayo de Anna Catharina Hofmann 'Una modernidad autoritaria. El desarrollismo en la España de Franco (1956 -1973)' (Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2023), por cuanto desmitifica ese supuesto logro que los Planes de Desarrollo supusieron para España. Al frente de la Comisaría para el Plan de Desarrollo estuvo como director Laureano López Rodó, protegido de Carrero Blanco, defensor a ultranza de la dictadura y del 18 de Julio y un especialista en Derecho Administrativo que venía de hacer una profunda reforma en la Administración Pública del Estado con el objetivo de que España dejase de ser un cuartel dirigido por sargentos chusqueros con vistas a tratar de conseguir la integración de la dictadura en las instituciones europeas. El deseo, por tanto, era conseguir la perpetuación de la dictadura a través del desarrollo económico, como instrumento de legitimación, sin admitir ninguna posibilidad del regreso de la democracia, comenzando por el propio López Rodó.
Y aunque la propaganda franquista en su momento, y la posterior nostalgia de los herederos después, intentase apropiarse de un incipiente desarrollo de la economía española como un mérito propio, lo cierto es que las causas de este boom económico español fueron debidas a la dirección de la Economic Survay Mission enviada por el Banco Mundial, a que los tres planes de desarrollo (sobre todo el primero) fuera una copia del aplicado en Francia, a la importación de maquinaria y conocimientos técnicos gracias a la apertura de las fronteras y el fin de la autarquía, a las inversiones extranjeras, al clima de desarrollo europeo, al turismo y al envío de divisas de los cientos de miles de españoles que tuvieron que irse a trabajar al extranjero por la situación de precariedad, miseria y hambre generalizada que se instaló en España después de una guerra civil causada por un golpe de Estado. Pero también tuvo su cara B, como afirma la autora de este ensayo. Por un lado, las tensiones inflacionistas acompañaron a los españoles durante toda la supervivencia de la dictadura y, por otro, según determinaron destacados economistas de la época (no profranquistas, claro) los grandes beneficiados del desarrollo económico de los años 60 fueron un grupo de grandes empresas que aumentaron de manera notable sus beneficios gracias a la Acción Concertada y a los créditos y subvenciones públicas. Los españoles de a pie, con suerte, y a base de muchos sacrificios, consiguieron comprarse electrodomésticos a plazos y pisos de mala construcción pidiendo créditos con intereses abusivos.
Pero como decía antes el interés principal de los Planes de Desarrollo fue, tal y como expresó en numerosas ocasiones el propio Laureano López Rodó, la continuación del régimen dictatorial mediante su legitimación por una sociedad desmemoriada y apolítica que sólo pensase en el bienestar económico.
O eso creían los principales dirigentes franquistas. Todos ellos trataron de buscar acomodo en la democracia y en ese parlamentarismo que tanto odiaban. Me refiero a los López Rodó, los Areilza, los Fernández Miranda, los Licinio de la Fuente etc...Sólo lo consiguió Manuel Fraga.
Cuando López Rodó escribió sus memorias envió las galeradas a González Férnandez de la Mora, nada menos, ministro también durante la dictadura, para conocer su opinión. Este le contestó después de leerlas: a ver si ahora resulta que has sido siempre un demócrata de toda la vida.
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