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Opinión | El ojo crítico

En Madrid no hubiese llovido

Ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024, bajo la lluvia

Ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024, bajo la lluvia / Juanjo Martín

En la recta final de los Juegos Olímpicos que se están celebrando en París no puede uno evitar pensar en cómo habrían sido si se hubiesen organizado en Madrid, tal y como intentaron en numerosas ocasiones las autoridades madrileñas a principio de siglo hasta que, asumida la realidad, se desechó la candidatura española harta de ser rechazada una y otra vez. De aquella época recuerdo que cuando se iban a adjudicar las Olimpiadas del año 2012 España desarrolló un proyecto sólido en el que varias de las infraestructuras y edificios que iban a albergar las pruebas deportivas ya estaban construidos pero a pesar de ello la sede fue para Londres que se presentó ante el Comité Olímpico que debía decidir a quien adjudicar los Juegos Olímpicos de ese año con un montón de papeles y unas cuantas maquetas aclarando con ello que sólo iniciarían las obras si resultaba elegida como así fue. No creo que Madrid vuelva a presentarse como candidata teniendo en cuenta las manifestaciones antituristas que se han desarrollado en varias ciudades españolas en los últimos meses y que han tenido gran repercusión en los medios de comunicación de países cuyos ciudadanos visitan España todos los años para gastar su dinero. La culpa de la falta de vivienda en algunas ciudades no la tiene el turismo ni los pisos turísticos si no la ausencia de inversión en vivienda pública para su alquiler y en la incapacidad de alcaldes y responsables de urbanismo de decenas de ciudades españolas a los que y las que el cargo les viene grande y son incapaces de implementar el desarrollo urbanístico en las ciudades que gobiernan. Eso sí, en subir fotos a Instagram y en publicar frasecitas todos los días en las redes sociales criticando lo que hacen los demás son grandes expertos. En la ciudad Valencia ha habido varios ejemplos recientes.

La inauguración de los Juegos de París destacó por su originalidad. Y ello a pesar de que convertir a las calles y a los edificios de París en protagonista del evento, explorando los principales hitos históricos y culturales de Francia, fue una apuesta arriesgada. En primer lugar porque se necesitaba un público con un cierto nivel cultural que entendiese lo que estaba viendo y conociese la literatura y la historia de Francia, algo que, hoy en día, inmersos en la cultura de las redes sociales, los y las influencers y las series de televisión, era bastante complicado. Y en segundo lugar porque hubo una apuesta decidida por integrar en el espíritu olímpico las diversas identidades de género que por mucho que moleste a los reaccionarios y a los ultra conservadores han venido para quedarse. Los tiempos evolucionan y la mentalidad de una sociedad debe acompañar a este cambio. Gracias a ello no continuamos viviendo en la Edad Media. La lluvia complicó, y mucho, el desfile por el río Sena de los deportistas y a los músicos pero elegir una ciudad europea que no sea mediterránea tiene sus riesgos. Recuerdo un mes de Agosto que pasé en Inglaterra hace unos años. Menos dos días el resto de tiempo llovió a diario y mis hijos llevaron puesta la ropa que en España utilizaban en Navidad.

Tema aparte son los pobres resultados de los deportistas españoles en las diversas competiciones. Teniendo en cuenta el nivel económico de España la presencia de españoles y españolas en las finales debería ser algo más que una anécdota, como ha sido en estos Juegos Olímpicos. Una sociedad se caracteriza por dos cosas. Primero, por el trato que se da a los más débiles y segundo por el interés y la inversión en aspectos que a priori pueden suponer que no haya un retorno económico inmediato pero que a la larga ayudan a construir un país con capacidad de liderazgo en la escena mundial. Me refiero al deporte y a la cultura. El ejemplo más claro es el de la Grecia clásica. Un pequeño país invadido mil veces que gracias a su apuesta por la cultura, el arte y el deporte sigue siendo hoy en día, más de dos mil años después, un polo de atracción que ejemplifica los mejores valores a los que una sociedad puede aspirar. Tal vez suene extraño pero creo que los sucesivos triunfos de la selección española de fútbol van a suponer que durante varias generaciones España desaparezca del medallero olímpico. Hoy en día los niños y las niñas quieren imitar y ser jugadores de fútbol, porque los ven en la televisión, porque ganan dinero, triunfan en las redes sociales y no hay que estudiar ni leer. Y también incluyo a la niñas como digo. Me parece muy bien que se haya dado un impulso al fútbol femenino y que ahora los padres y madres quieran que sus hijas sean futbolistas. pero el atletismo, la vela o la natación también pueden empoderar a las mujeres del futuro.

Lejos quedan aquellos años en que España apostó de verdad por el deporte. Gracias a las becas ADO y a Barcelona 92 España se situó al mismo nivel que sus países vecinos. Lo que no existía entonces era la fobia al extranjero y el antiturismo.

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