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Opinión | Tribuna

La gangrena de la democracia

Lo cierto es que la política no da respiro alguno a quienes nos apasiona transitar por ella

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Kamala Harris, en un acto en Georgia

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Kamala Harris, en un acto en Georgia / JACQUELYN MARTIN / AP

 Los bulos y las mentiras son la gangrena de la democracia. Quienes militamos en la libertad y la democracia tenemos el irrenunciable deber de luchar para evitarlo. Por eso, y por mucho más, me reconforto cuando analizo el debate Trump/Kamala Harris, o más cercano, cuando observo cómo se mueven las aguas en mares tan revueltos como son la amnistía, con el PP de atronador discrepante, o con la financiación de Cataluña, con la derecha y extrema derecha trinando y con el PP queriendo cerrar filas, siguiendo a Ayuso (Moreno Bonilla y Carlos Mazón, en discrepancia) o viendo como ponen de ‘chupa dómine’ al honorable Zapatero que, tal cual Sánchez, en el vidrioso asunto de Venezuela, como si en ello nos fuera la vida. O que el PP, como veremos, en apenas horas hace de la inmigración una tienda de cambalaches.

Lo cierto es que la política no da respiro alguno a quienes nos apasiona transitar por ella. Tanto es así que no se puede evitar sumergirse hasta los tétanos para poder entender, criticar o alabar lo que nos está sucediendo. De entrada, y me gané en buen grado una noche en blanco en seguir el apasionante debate de quienes optan a la presidencia de los Estados Unidos entre otros motivos porque soy de los que piensan de su incidencia en el resto del mundo. No me sorprendió que la avalancha de bulos y mentiras fuera patrimonio del candidato republicano Donald Trump y me sentí reconfortado con la profesión de periodista al oír, una y otra vez, cómo con datos desmentían a Trump y dejaban en evidencia su descarada maestría para mentir. Por el contrario, la candidata demócrata ofreció ideas de futuro, de esperanza, de solidez en sus propuestas y contenidos, con relajada sonrisa frente a la crispación del serio, atormentado y cabreado Trump.

Para muchos políticos la hoja de ruta es la mentira, el odio, la confrontación y no pocas veces el insulto y la provocación. Gangrena que cercena la democracia. En España, desgraciadamente, tenemos a quienes han hecho de los bulos y las mentiras su razón de ser, teniendo apoyo de ciertos panfletos que dicen ser periódicos y no son más que un bluff en defensa de ideas extremas y especialmente cualificados para levantar ayudas y subvenciones públicas, tal cual sucede con los abonos que reciben de comunidades autónomas muy significadas como son las de Madrid y Galicia, por poner dos ejemplos conocidos y denunciados.

Y si en Estados Unidos se le intenta poner coto a mentiras, bulos e insultos como método para llegar al poder, en España está sucediendo algo similar sobre todo cuando observamos que hay intentos desacostumbrados para alcanzar acuerdos y consenso en asunto tan vidrioso como es la inmigración, sobre todo la que atañe a los menores. En estos últimos días, tanto el PSOE como el PP, al más alto nivel, buscan soluciones humanitarias a un problema humano, donde prime la solidaridad, marginando a los incontrolables racistas y homófobos que pretenden imponer sus mentiras ocultando lo que dicen los relatos reales. Las estadísticas de Interior desvinculan inmigración y delincuencia y, pese a lo que sostiene Vox, se constata la estabilidad de las bajas tasas de criminalidad en España en los últimos 13 años. Parece que el PP, pese a Tellado y Cuca Gamarra asociando ideas y propuestas cercanas a Vox, con argumentaciones populistas que no se sostienen, podría estar dando un giro, no sabemos si significativo, pero Feijóo, otrora alienado en tesis que sostiene la extrema derecha, ha dado un paso donde la la palabra humanidad y el concepto político de solidaridad parecen instalarse a la hora de buscar soluciones para el drama humano que viven Canarias, Ceuta y Melilla. No se entiende, sin embargo, que el PP que votó contra la Ley de Extranjería, busque ahora con Clavijo, el presidente canario, una salida a la que se había negado. En el fondo, tal cual maneja Ayuso, se trata de dar una considerable hostia política al presidente Sánchez. No hay otra por mucho que Feijóo se presente, ahora, como el redentor de la inmigración.

Si el argumentario populista donde está instalado Vox y adláteres deja de marcar los pasos políticos del PP, bienvenido sea. Cuando la mentira, el bulo, el manejo intencionado de datos se convierte en esencia del partido de la extrema derecha que, de forma reiterada y sin aval alguno, habla una y mil veces, de «delitos importados» o que la inmigración ilegal es sinónimo de delincuencia, sigue sorprendiendo que el PP no sea más rotundo en sus análisis y propuestas de las que deben erradicar de una vez por todas las tesis sostenidas por su líder nacional Feijóo cuando hablaba de que los inmigrantes «ocupen nuestros domicilios» y que los «españoles tienen derecho a salir tranquilamente a la calle».

Adenda

  1. Moreno Bonilla irá por el tercer mandato en Andalucía. Espadas (PSOE) verá qué hace. De entrada, que alguien se dedique a buscar a la izquierda en Andalucía. No existe.
  2. Los ciudadanos de Mora de Rubielos (Teruel) nos han dado un ejemplo impagable al acoger a 110 refugiados de Mali. De apocalipsis, nada de nada. Honor a estos ciudadanos.
  3. Y honor a Zapatero que para el PP y Vox se ha convertido en la serpiente que inocula veneno letal. Y todo porque ha salvado al opositor venezolano González Urrutia.
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