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Opinión | Cartas

Claudio Reina Gómez

málaga

Tribuna de los pobres

Hablaban de derribar esa luz de los barcos para el destino del oro, que ya ni es oro, si quiera metal. Gritaban por la ausencia de paredes y la abundancia de cartones. La ciudad se tiñó ocre, y fue sueño en aquel durmiente acurrucado bajo las puertas de la usura.

¿Qué hay de los jóvenes? Preguntó nadie. Los jóvenes andan pisando en las losas su sangre, una guerra igual de silenciosa que el filo de un machete, que una hoja húmeda reciente de hígado. Fue durante la madrugada, salpicó óxido contra las barandas viejas, creciendo la muerte como herrumbre en farola, con su unción última y amarillenta, su grito seco, de asperón agrietado en garganta, de asperón que hay camino al sepulcro.

Ahora los pasajes de Santa Julia recuerdan pasillos de sangre, aunque en sus recovecos siempre se encontraron naranjos ¿Será por la muerte de un joven, en Agosto, por lo que en Málaga se respira azahar, en Septiembre? ¿Será la sangre de mis vecinos, de mis amigos, la razón de una luz blanca y cálida, de una estrella pulcra y una vieja alcazaba? O será por la pobreza, gris y verde, que aún siendo del cemento crece la flor en sus grietas.

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