Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Una viejoven en el país del código

Málaga

Dia 19: Caídas

Relatos de una 'viejoven' en la piscina de 42 Málaga Fundación Telefónica, en el antiguo edificio de Tabacalera en Málaga, para aprender programación en 26 días

Un knock out

Un knock out / Creative Commons

Como todos los viernes, hoy es día de examen. En los dos anteriores me masacraron pero me gusta mirarlo por el lado positivo: la primera vez fue siniestro total, la segunda mi ego salió muy dañado pero una gota menos que en el anterior. Para éste he estudiado bastante, los últimos proyectos me han salido bastante bien... Así que espero lograr aunque sea algo.

15.00. Tenemos que salir del clúster y regresar a las 15.40. Aprovecho para comerme un sándwich de carne mechada con lechuga.

16.00. Comienza el examen. Esta vez, después de dos horas y pico, he logrado ir un poco más allá que los anteriores, pero nada, qué desastre, no sé si reír o llorar o ambos. 

Es en estos momentos en los que mi ego queda hecho añicos. No solo no me apetece venirme abajo, sino todo lo contrario, voy a por mi ego perdido. Tampoco creáis que me afecta mucho hacer el ridículo, tengo bastante tolerancia en este sentido, me río bastante de mí misma y de mis desgracias... Bueno, también de las de los demás: una vez mi marido se cayó bajando el Monte Sancha y al verle ahí, con dos patitas levantadas, en lugar de correr para ayudarle me dio un ataque risa y no podía parar; intentaba cogerle para que se pudiese levantar y de tenta risa no tenía fuerzas y así estuvimos bastantes minutos; menos mal que mi marido me conoce y sabe que no puedo evitarlo. No es que me entren los nervios, es simplemente que no puedo evitarlo.

Y también me reía de mis caídas hasta que llegó la última, este mayo pasado. Yendo a SEPE me comí un desnivel en la acera y caí como una tabla al suelo. Lo único que pude hacer como último reflejo fue girar un poco la cara para no partirme la nariz. Llevaba las manos ocupadas y no alcancé a reaccionar. ¿Resultado? Fractura de muñeca, herida abierta, golpes en el pómulo, hombro, pecho, desgarro del tendón de Aquiles y mi psique destrozada. Me sentí tan expuesta, vulnerable y débil en el suelo, sin poder levantarme del dolor; fue un minuto que me pareció eterno hasta que me auxiliaron un chico, una chica y hasta su perrito. 

Cuando me pude poner en pie en lugar de ir al hospital, esas cosas absurdas que uno hace, ya que estaba en la puerta, entré al SEPE, con la mano chorreando de sangre y la señora de la entrada me abroncó porque debía sacar el número. Sin mirarme. Cuando me llamaron fui cojeando y la mano aunque menos, seguía sangrando, el señor que me atendió tampoco reparó en mí. Solo me indicó que no era en el SEPE donde tenía que ir y me dio un papel con un número de teléfono en el que pedir una cita. Ni siquiera al extender mi mano rodeada de papel higiénico manchada con sangre reparó en mí. 

Cuando salí de ahí me planté a llorar en la calle como una nena de 4 años y llamé a un taxi; me contestó mi cuñada, que trabaja ahí, y me reconoció, y de nuevo comencé a llorar, no era dolor del dolor físico, era el dolor emocional, nunca me había sentido de esa manera, ni siquiera por cosas muchísimo más graves. Sentí una soledad y fragilidad absolutas. Cuando recuerdo ese momento vuelvo a llorar, como ahora mismo mientras escribo mi diario. 

Por eso lo del examen me joroba, pero no se me va la vida. 

Cerca de las 19.00. Llego a casa y me esparzo en el sofá, mi marido me prepara algo para comer y descanso. 

Al rato ya no me siento tan molesta por no haber dado ni una en el examen; veo mi progreso desde que entré y ni tan mal. Tal vez no llego al nivel de la mayoría de mis compis, pero no me importa, sé que estoy logrando cosas importantes y no hay ninguna gota de culpa. 

Ahora solo pienso en dormir. Buenas y noqueadas noches.

Tracking Pixel Contents