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Opinión | Una viejoven en el país del código

Málaga

Día 21: El sol siempre sale

Relatos de una 'viejoven' en la piscina de 42 Málaga Fundación Telefónica, en el antiguo edificio de Tabacalera en Málaga, para aprender programación en 26 días

Las inmediaciones de la piscina

Las inmediaciones de la piscina / K.W.

Hoy amanecí como el día, lo cual no sé si es bueno, malo o regular, pero al mirar por la ventana me veo en total correspondencia con el paisaje. 

Me desperté a las 08.00 horas y terminé yendo a la piscina a eso de las 13:00. ¿Que qué hice? Nada... Simplemente mirar la lluvia; mi hijo y mi marido estaban igual, eso que se te pasa la hora y de tan aplatanao ni siquiera te diviertes. 

La cosa no cambió demasiado al llegar a la Tabacalera, pero sí hubo algo que me sacó del letargo. 

No es que no me guste ese sol que sale justo después de la lluvia, porque sí me gusta, pero no lo puedo disfrutar, deslumbra tanto que me cuesta ver, andar por la calle, me duelen los ojos y me desoriento completamente. Sin embargo, al llegar a la Tabacalera y ver el parque de la entrada, cómo brillaban los edificios, los árboles y hasta el suelo, felices y deslumbrados, disfrutando de la humedad y la luz, quise hacerlo yo también; así que me quedé un rato embobada mirando desde la entrada del edificio, hice algunas fotos y una de ellas llamó mucho mi atención y os la dejo aqui. No sé qué veis vosotros, pero veo claramente un ejercito blandiendo sus espadas subidos encima de unos elefantes... Venga, mirad bien que está clarísimo. 

Subí a la pisci y ahi me esperaba la cruda realidad. Mis dos compañeros de proyecto, ambos unos maquinas, hablando sobre el código y yo mirándoles igual de deslumbrados bajo el primer sol después de la lluvia, sin poder aportar nada más que mi cara de boba... El proyecto, pues no ha ido como... Bueno, no ha ido y no sé qué decir al respecto. Lo que sí sé es que segui pico y pala, pico y pala, con el proyecto que ayer dejé a medias, estuve toda la tarde y entre impotencia e impotencia, pues me dediqué al piki piki. 

Como estaba atravesada, un poco por el día, un poco por mis vivencias en la piscina, un poco porque echo mucho de menos a mi chiquitín y un poco conmigo misma, hoy mis compañeras han tenido que soportarme, a mi y a mis quejas. 

Cerca de las 20.30, después de haber intentado muchas veces, de haberme quejado de absolutamente todo unas cuantas más, cayó el gordo y pude terminar los ejercicios en los que estaba trabajando; el primer sol después de la lluvia salió para mí y fui feliz como los árboles del parque este mediodía. 

Al final, es que nos gusta quejarnos y perder el tiempo, pero es parte de nuestra esencia y lo que nos permite disfrutar de esa luz cegadora después de una mañana lluviosa. Porque así es, señores, el sol, en algún momento sale para todos y no hay otra que brillar y sonreír. Buenas y cegadoras noches.

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