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Opinión | Hola, soy Dios

¿Merecen los españoles estos políticos?

En mi opinión, la legislatura va a ser corta. Es imposible que este individuo pueda resistir esos pactos, aunque a él le importe nada no gobernar, no aprobar una sola ley, la humillación constante....

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), durante el pleno celebrado este jueves en el Congreso.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), durante el pleno celebrado este jueves en el Congreso. / FERNANDO VILLAR (EFE)

Estoy recordando, Pa, sucesos que acontecieron en España en el año 2016. El 1 de octubre de este año, el comité Federal del PSOE expulsó al señor Sánchez e implantó una gestora para pilotar el partido, presidida por un asturiano sensato llamado Javier Fernández.

Lo recuerdo JC. Pero no muy bien el motivo…

Básicamente, se trataba de impedir que la ambición del señor Sánchez por convertirse en presidente del Gobierno soslayara principios bien asentados de esa organización. En aquel partido de entonces muchos se horrorizaron con la personalidad de este caballero, al que veían capaz de pactar con Dios –discúlpame- y con el demonio al mismo tiempo con tal de alcanzar el poder.

Pero volvió el tal Sánchez.

Así es, volvió. Y tras su reinstauración arrasó su partido. Expulsó cualquier disidencia e introdujo a sus leales: el señor Ábalos y la señora Lastra se encargaron de sofocar cualquier contestación dentro del partido.

Eso es muy propio de regímenes personalistas, me trae muchos recuerdos de los años 20 en la URSS…

Cierto Pa. Y una vez arreglado su partido, en cuanto tuvo ocasión, este caballero empezó a urdir extrañas alianzas, con quien solo unos momentos antes declaraba que se volvería insomne en su compañía. Y en cada nueva convocatoria electoral ha ido superando su osadía: de la última salió en segunda posición, pero consiguió aglutinar a todo el espectro político excluyendo a PP y Vox.

¿Y eso cómo se hace, JC? Porque reconocerás que hay que tener un cierto arte.

Un cierto arte, desde luego, pero lo que hay que tener es pocos principios y la caja del Estado a su disposición. Este caballero, en resumidas cuentas, lo que ha conseguido es pactar con unos y con otros: con los vascos burgueses y con los herederos de ETA; con los catalanes republicanos y con los herederos de Jordi Pujol y a todos les compra sus votos con los recursos públicos, como ha hecho para la investidura de Salvador Illa.

Lo curioso es que este sujeto convenza a muchos electores.

Lo hace porque apela a lo más primario del ser humano: el miedo a que sus enemigos se instalen en el poder. Este recurso lo han utilizado todos los sátrapas de la historia con resultados brillantes. Y en España vemos como Sánchez ha construido un enemigo que come niños crudos y expulsa del idílico paraíso socialista a millones de esforzados obreros, dejándolos en la calle, sin hogar ni recursos. Y por eso millones de personas, algunas de ellas bienintencionadas, le apoyan.

Pero esto debe tener las piernas cortas.

Cierto. El pactar con dios y con el diablo tiene fecha de caducidad, sobre todo, porque el diablo exige sus contrapartidas sin pudor, como está haciendo el señor Puigdemont, que se afana continuamente de tener cogido al presidente por Donde Más Duele y de humillarlo votación a votación.

¿Qué futuro le ves tú a esto, Pa?

En mi opinión, la legislatura va a ser corta. Es imposible que este individuo pueda resistir esos pactos, aunque a él le importe nada no gobernar, no aprobar una sola ley, la humillación constante, las salpicaduras de corrupción que le están llegando al cuello…

Con mantener el mantra de que todo es fango de la ultraderecha…

Esa es la estrategia, y con ella morirá. Y lo que no ayuda demasiado es el contar con individuos como Rodríguez Zapatero, quien cada vez que abre la boca aporta más y más gloria al personaje, como lo hace con el presunto presidente venezolano Nicolás Maduro.

Ahora los españoles están asistiendo a la ceremonia del reproche en relación con las inundaciones valencianas, aunque eso no es nada comparado a lo que se avecina.

Cierto: En el otro lado tampoco abunda la brillantez. Un presidente que no asiste a una reunión crucial porque está en no se sabe qué comida, una consellera que no sabía ni cómo funcionaba eso de las alertas, un «pídeme para que yo te dé» frente a un «tú deberías de haber hecho que no hiciste»..

Sencillo: Nosotros –ambos lados somos perfectos y lo hacemos todo bien. Son los otros los culpables de todos los males habidos y por haber.

Así es, lamentablemente para los españoles. Como dijo aquel, Pa, ¡¡¡¡vaya tropa!!!! n

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