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Opinión | Tribuna

Lo siento mucho, nos hemos equivocado y no podemos garantizar que no vuelva a ocurrir

La realidad andaluza vendrá después del turrón, y con un Juan Espadas pasado de halagos, y quién sabe si también de kilos -por la Navidad, digo-, optará a seguir espantando al electorado que sufre la sanidad que el PP le quita

María Jesús Montero, Santos Cerdán y Juan Espadas, durante la visita realizada a las instalaciones del Congreso del PSOE.

María Jesús Montero, Santos Cerdán y Juan Espadas, durante la visita realizada a las instalaciones del Congreso del PSOE. / EFE

Semana con DANA política en Sevilla. Vuelve el PSOE, vuelve el hombre, no Lobato, el otro, el presidente Sánchez para ser coronado como único candidato. Es lo normal.

¿No podía haber otra semana para tanto lío y fastidiar la fiesta orgánica? Lo bueno de Sevilla son las croquetas de casa Ricardo, que pase lo pase no se las salta un afiliado ni aunque sea intolerante a la lactosa.

Luego está la realidad andaluza, que vendrá después del turrón, y con un Juan Espadas pasado de halagos, y quién sabe si también de kilos -por la Navidad, digo-, optará a seguir espantando al electorado que sufre la sanidad que el PP le quita y algunas cosas más.

No liarla

Equivocarse es humano; reconocerlo, sensato, y no comprometerse con volver a cagarla, realista. Eso sí, hay que procurar no liarla cada vez que hay procesos internos para no confundir renovación con arrebato. Y algo peor, y muy frecuente: cambiar para que todo siga como está, como se sentenció en un inmortal diálogo de «El gatopardo». En aquel proceso, el que aupó a Espadas, hoy líder senatorial y expróximo ministro de Transición Ecológica y Reto Demográfico, que siguió su deriva provincial, algunos Fabrizios tardaron poco en mutar a reconocidos tancredistas (véase Málaga).

En cuanto pase el trámite del 41º Congreso Federal del PSOE este fin de semana, la federación andaluza arrancará motores y pondrá rumbo a un lugar donde las cosas puedan cambiar. Esperemos que esta vez no para que todo siga igual, sino para abrir, abrazar, recuperar o simplemente estar a la altura mínima.

Con todo lo vivido, mucho menos en Andalucía o Málaga, nadie debería colgarse el cartel de pedrista (los del minuto 0), sanchista (los que llegaron después), castejonista (los que están por llegar) o susanista de toda la vida, porque esas etiquetas distorsionan y malapadrinan, amén de lo que dice Ferraz (»¿quién coño es Ferraz?», dijo Ibarra, el de Extremadura) o San Vicente -Fernán Nuñez no sabe, no contesta.

Mientras tanto, en la orilla derecha, Moreno Bonilla presenta unas cuentas con tufillo electoral -anticipadas, se entiende, para este 2025 naciente- pasando de la tristeza fiscal a la euforia presupuestaria en una tomadura de pelo sinigual. n

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