Opinión

Jefe de Cultura
Qué manía con el plano secuencia
A propósito de la aplaudida actuación de Amaia en 'La Revuelta'

Un momento de la actuación de Amaia en 'La Revuelta' / RTVE
Estuvieron unas horas revueltas las redes sociales con comentarios elogiosos y de esa retórica de la desmesura que a estas alturas me parece tan perniciosa que la del insulto a propósito de la actuación de Amaia en 'La Revuelta'. ¿La han visto? Básicamente, una interpretación en plano secuencia, que comenzó a modo de sorpresa en un sofá del Teatro Príncipe de la Gran Vía y que terminó en la calle, en la que participaron 13 músicos y 24 coristas (todos en playback), además de 40 figurantes, a lo largo y ancho de tres días de ensayos.
A estas alturas, el plano secuencia es el equivalente en el lenguaje audiovisual de lo que supone la petición de matrimonio frente a una multitud de desconocidos en la gramática romántica. Una declaración grandilocuente, pretenciosa y, en el fondo, debida a una cierta inseguridad: necesitas de la proeza, de esa cierta épica para que cale tu discurso, ya sea un ruego de amor eterno o la promoción de tu nuevo single; no te basta con la intimidad de una pareja o, en el caso de tu canción, el simple acompañamiento de un piano o una guitarra. Necesitas que se vea que sea difícil, que te ha costado, que eso no lo hace cualquiera. ¿Se acuerdan del dichoso plano secuencia de un episodio de 'True Detective' o del de 'The Bear'? Entonces captan la idea.
No voy yo aquí a restarle mérito a los del programa de David Broncano, siempre con ganas de agradar y asumir ciertos desafíos (guay que se hagan estas cosas en la televisión pública), pero me arrogaré el papel de super tacañón para mostrar las sombras del asunto. Escribió el siempre elocuente e interesante Héctor G. Barnes: "Lo de Amaia no demuestra que la música puede tener cabida en la tele, sino todo lo contrario: parece que solo puede tener cabida si se justifica a través de un despliegue excepcional, de la espectacularidad y de los códigos de gran espectáculo".
Porque, al final del día, ¿quién está hablando de la canción? Se titula 'Tengo un pensamiento', por cierto. Yo, desde luego, no he visto ni un solo tuit diciendo si es buena, mala o regular. La retórica audiovisual ha terminado ahogando el verdadero propósito de la operación, la promoción del single. O la reivindicación de la música en la televisión (por cierto, quizás para ello habría sido más adecuado prescindir del playback y hacer, pues eso, música en directo.) Si es que, en realidad, alguien todavía está hablando de música, o la usa simplemente como excusa para entretenernos de mil maneras distintas.
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