Opinión | La calle del ritmo
Nat Simons o la herencia rockera de Cecilia
Estudió Ciencias de la Comunicación en Málaga y ahora regresa convertida en una de las grandes voces del rock en nuestro país para actuar en La Cochera Cabaret el 8 de febrero

Nat Simons, en una imagen promocional / Juan Pérez Fajardo
El próximo sábado 8 de febrero, la madrileña Nat Simons regresa a Málaga en su gira de consagración, 'Felinas'. Natalia Garcia Pozas, nombre de soltera antes de sus nupcias con los escenarios, estoy seguro que estará feliz de actuar en la capital malagueña (La Cochera Cabaret), ya que ese licor de alta graduación al que llamamos nostalgia le debe de traer bonitos recuerdos de aquellos años en los que estudió Ciencias de la Comunicación en la capital de la Costa del Sol, debido al destino laboral temporal de sus padres, creo haber oído en alguna entrevista. Aquella Natalia, que no sabemos a ciencia cierta si se licenció o no, vuelve en pleno despegue definitivo de su carrera real, la artística, a la ciudad del paraíso para repartir zarpazos de rock y amor entre el personal.
Algo debe de tener la Alameda de Osuna, barrio de clase media de Madrid, cuando en los últimos lustros en sus calles se han forjado bandas como Buenas Noches Rose, Le Punk, Pereza, Sidecars y la artista que nos ocupa, Nat Simons. Habrá que llamar a Íker Jiménez, no se me ocurre nada asi, a bote pronto.
Siempre he pensado que el rock and roll es, ante todo, una actitud ante la vida. Por eso creo que si Natalia hubiera nacido en el Madrid de la posguerra, se hubiera encarnado en el corazón rockero de la prematuramente fallecida Cecilia, aquella que deslumbro a todo un país en aquellos primeros 70. 'Mi querida España', 'Dama, Dama', 'Un ramito de violetas'…. Y digo «rockero» de actitud vital, ya que Cecilia (realmente Evangelina Sobredo, Cecilia era una canción de sus adorados Simon & Garfunkel) fue aparentemente cantautora, pero sus textos, adelantados para su época, y una actitud beligerante ante ciertos temas tabú históricos, realmente lo que pedían a gritos es un backline distinto, más eléctrico. Batería, guitarras y grandes escenarios, con el público enfervorizado. Vamos, que seguro que se hubiera abrazado sin dudarlo al rock de Nat Simons de haber coincidido en el tiempo. Como paralelismos evidentes, también están su madrileñismo de nacimiento, que ambas han grabado en inglés y castellano y sus inicios folkies. Pero ahora viene el problema: a ver cómo explicamos a las nuevas generaciones qué es el rock, quién es Nat Simons, quién fue Cecilia y qué es la posguerra… ¡Ya casi ni los abuelos sabrían contestarnos a tan extravagantes preguntas!
Mejor momento
Bueno, a lo que vamos, que se me va el hilo, a sus 40 recién cumpliditos (los 30 de antes) la artista que nos ocupa se encuentra en el mejor momento de su carrera. Tras grabar el disco 'Felinas', con colaboraciones tan importantes como las de Aurora Beltrán, Anni B Sweet y Vega y la edición del directo de la presentación del mismo en el Wizink Center, con participación de José Ignacio Lapido o Igor Pascual por nombrar a algunos de los primeros espadas con los que se codea la Simons, se encuentra pidiendo pista de despegue de manera urgente tras un 2024 frenético en cuanto a conciertos se refiere. En un panorama tan de grammy latino audiovisual al que algunos asistimos entre indiferentes y horrorizados, se agradece un poco de actitud rockera. Llamadme antiguo si queréis…
Y es que tenemos por delante una oportunidad estupenda de comprobar de primera mano cuál es el presente del rock hecho por mujeres en España… Y, por qué no, atisbar el futuro que espera a una banda de baterías, guitarras y amplis entre la ingente jungla sonora que se nos avecina dirigida por las leyes del mercado, cuyo escuálido backline en el directo puede llegar a ser un simple micro, sonando todo lo demás desde una grabación del móvil. Vamos, lo que en 'Lluvia de Estrellas', programa en el que tuve la suerte de participar en el siglo pasado como ayudante de producción, llamábamos "playback parcial". Y, si, el público lo gozaba, pero era público pagado a 5.000 ptas más un bocadillo de salchichón. Y asi cualquiera.
Nat Simons, la última esperanza blanca, esa voz dulce y a la vez raspada, viene a representar en el territorio nacional algo así como el eco de aquellas Suzy Quatro, Patti Smith, Chrissie Hynde y no es poca cosa la proposición. Simplemente por esta razón deberíamos levantarnos del sofá, apagar la tele, maquearnos el tupé (o lo que quede de el) y acercarnos, en sesión vermut, a ese escenario de toda la vida, lleno de instrumentos, que nos provoca adrenalina. Ustedes elijan, yo lo tengo claro.
Nat Simons
La Cochera Cabaret
8 de febrero, 12.30 horas
15 euros
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